Más grande que el Mundial

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Josemaría Escrivá de Balaguer (primero de la izquierda) con el papa Juan XXIII, hoy también santo, y el obispo español Álvaro del Portillo


Autor: Padre Juan Carlos Ibarra

Los ojos del mundo entero están puestos en Brasil. Millones de personas seguimos con verdadera pasión a nuestros equipos de fútbol. Pero al final sólo uno levantará victorioso la Copa del Mundo de Brasil 2014. ¿Quién será?

¿Y habrá algo que nos haga más felices que ganar la Copa del Mundo? Parece que sí. Lo dijo el papa Francisco ante millones de jóvenes en la playa de Copacabana en la Jornada Mundial de la juventud, celebrada en Brasil en julio de 2013. En aquella ocasión el Santo Padre expresaba: “¡Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo! Nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda y feliz, y también un futuro con Él que no tendrá fin, la vida eterna”. Encontrar a Dios es más grande que ganar la Copa del Mundo. Y Jesús es “Dios con nosotros”. Un Dios cercano que se interesa por nuestra vida, que nos quiere felices, que juega en nuestro equipo.

Alguien podría objetar: ¿pero dónde está Dios? Porque la Copa del Mundo es real, la puedo ver, la puedo tocar, ¿realmente a Dios le interesa lo que me pasa en el día, lo que sucede en nuestra ciudad? ¿Le puedo hablar, me escucha? Como respuesta a tal cuestionamiento, muy válido por cierto, cito unas palabras de Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, hecho santo por Juan Pablo II en el año 2002, y cuya fiesta se celebra en la Iglesia el 26 de junio, aniversario de su marcha al Cielo: “Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado. Y está como un Padre amoroso -a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos-, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo… y perdonando”.

Un Dios cercano, que camina con nosotros, que juega en nuestro equipo. Precisamente el mensaje del Opus Dei recuerda que es posible encontrar a Dios en nuestras actividades cotidianas: en el trabajo, en la escuela, en la familia, en los lugares de diversión. Allí, en nuestros afanes de cada día, el Señor Jesús espera nuestro amor. Precisamente el papa San Juan Pablo II bautizó a San Josemaría como “el santo de lo ordinario”. Realmente sería extraordinario que México alguna vez ganara la Copa del Mundo. Me alegraría muchísimo. Pero más grande que la Copa del Mundo es encontrar a un Dios que es amigo, que te ayuda a seguir adelante y a levantarte después de un tropiezo. Y nos llena de esperanza saber que ese Dios está al alcance de la mano, también en la vida ordinaria, cuando trato de convertir cada día de mi vida en una ofrenda a Dios y en una ocasión de servicio a los hombres y a la sociedad.

Decía San Josemaría: “Estas crisis mundiales son crisis de santos”. Para salir de la crisis lo que falta no son grandes estrategias comerciales, falta “santidad”, es decir, tomarnos en serio nuestro papel de cristianos y vivir de acuerdo a los valores que nos enseñó Jesucristo en todas partes. No sólo en el templo, sino en la calle, en el trabajo, en el hogar. “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere, no lo olvides, dependen muchas cosas grandes”. Otra frase de San Josemaría que nos anima a hacer de nuestra vida ordinaria un “evento extraordinario”. Sigamos disfrutando el Mundial de Fútbol, pero no olvidemos que hay algo “más grande que la Copa del Mundo”.

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Monseñor Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, arzobispo de Yucatán, presidirá la misa de la fiesta de San Josemaría este jueves, a las 20 horas, en María Inmaculada.




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