Los dos nuevos pontífices santos

Monjas con las imágenes de Juan Pablo II y Juan XXIII en el Vaticano

El papa Francisco canonizó anteayer a Juan XXIII y Juan Pablo II, siendo cada uno luz que iluminó en su época al mundo entero con sus carismas, dones y virtudes de santidad.

Ángelo Giuseppe Roncalli contaba con 76 años cuando el 28 de octubre de 1958 fue elegido para suceder en la sede petrina a Pío XII y asumió el nombre del discípulo amado de Jesucristo.

Juan XXIII fue el pontífice más influyente en la Iglesia católica a mediados del siglo XX. Por sus cualidades de diálogo abierto y sincero, su extraordinaria bondad, actitudes humanitarias y cercanía con la gente se ganó el título del “Il Papa buono”, el Papa Bueno, siendo el primer pontífice que visitó a los presos de la cárcel de Roma. Con frecuencia saludaba a los niños del Hospital de Enfermos; en una ocasión, en diciembre lo confundieron con Santa Claus.

A sólo tres meses de su elección, anunció a principios de 1959 que convocaría a un Concilio Ecuménico que cambiaría el rostro de la Iglesia, iniciando grandes modificaciones en la forma y la praxis pastoral y misionera en el mundo. En 1962 inauguró el Concilio Vaticano II.

Emitió ocho encíclicas, una de ellas “Pacem in Terris”, que fue publicada en plena Guerra Fría. Recibió el Premio Baltazar de la Paz en 1962 por la publicación de las encíclicas “Mater et Magistra” en 1961 y “Pacem in Terris” en 1963, así como su decisiva intervención con motivo de la crisis en Cuba en 1962.Falleció el 3 de junio de 1963 a los 81 años de edad y su cuerpo se encuentra en la Basílica de San Pedro. Fue beatificado por Juan Pablo II en 2000 y el papa Francisco aprobó su canonización en julio de 2013.

Juan Pablo II

Al fallecer Juan Pablo I fue elegido el cardenal Karol Wojtyla, quien tomó el nombre de Juan Pablo II e inició solemnemente su ministerio petrino el 22 de octubre de 1978. Duró 27 años, en los que fue un incansable misionero y anunció a Cristo como único salvador por el mundo.

Inició sus visitas pastorales el 25 de enero de 1979 con un viaje a México; en junio regresó a su patria, donde fue aclamado por millares de polacos que se aglomeraron en las plazas. Recorrió el mundo entero, desde la antigua Unión Soviética hasta los grandes centros de Europa, los países de América Latina, África, Oceanía, Asia; 129 países en 146 viajes a los cinco continentes.

Pero la visita de Juan Pablo II que recordamos todos los yucatecos es la que realizó el 11 y 12 de agosto de 1993 a nuestro Estado, donde coronó a Nuestra Señora de Izamal como Reina y Patrona de Yucatán y presidió el encuentro con las etnias de América en el marco del quinto centenario de la evangelización del nuevo mundo. Juan Pablo II también estuvo en Mérida en una celebración eucarística en la que se concentró más de medio millón de personas. Al concluir su homilía improvisó en español un mensaje en el que expresó: “Hermanos y hermanas, el Señor nos recuerda que todos nosotros somos sal de la tierra y luz del mundo y nos envía a proclamar la buena nueva de la salvación, os envía a vosotros, vuestra generación, después de cinco siglos de la evangelización, os envía”. Fue un Papa de profunda fe y confianza plena y total en Dios. Pidió perdón en el Jubileo del año 2000 por las culpas de la Iglesia Católica, por las cruzadas, por la Inquisición, por la persecución de los judíos. Es muy célebre su comentario: “Soy un Papa limitado por la enfermedad, pero no derrotado”.Falleció el 2 de abril de 2005, cuando se inició el proceso de su beatificación y posteriormente el decreto de canonización con la certificación del milagro.Es motivo de inmensa alegría la canonización de los papas Juan Pablo II y Juan XXIII en el día de la Divina Misericordia, cada uno en su tiempo Vicario de Cristo en la Tierra y ejemplo de santidad.—–*) Licenciada en Ciencias de la Comunicación; abogado, asesor jurídico con Maestría en Administración. Correo: [email protected]

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