La paternidad, signo del amor de Dios

Agradezco a Dios la oportunidad de dirigirme a los padres de familia de esta Arquidiócesis de Yucatán en el “Día del Padre 2014”.

 

Tengan en cuenta que todos los días pido a Dios por las familias y de manera especial por las mamás y los papás, para que no decaigan en sus labores y sean un bello testimonio de alegría, amor y fe para los suyos. Que el Señor siempre les dé fortaleza y ánimo.

 

El pasado diez de mayo tuve la oportunidad de valorar el don de la maternidad. Decía que para que ésta pueda ser lo que hoy es en el corazón de los hijos, de la familia y la sociedad, necesitaba también de la colaboración del padre. Señalaba que el varón, en primer lugar, debía aprender a “Valorar y respetar el Don de la mujer, su maternidad y fecundidad”. Solo así la maternidad podría desarrollarse de manera adecuada. Y en un segundo momento el hombre debe vivir con responsabilidad y alegría su paternidad. Lo cual no significa ser únicamente proveedor de lo material en el hogar sino ayudar y compartir con la madre las responsabilidades del hogar y de los hijos. Así, maternidad y paternidad serán “las caras” del gran amor de Dios por nosotros y ejemplo del que los padres sienten por los hijos e hijas.

 

Estoy seguro de que son muchos los matrimonios que, animados por el amor y fortalecidos por la fe, luchan, incluso con heroísmo, por el bien, la educación y la formación de sus hijos e hijas.

 

Creo firmemente en la fortaleza y ánimo que da el Sacramento del matrimonio en los cónyuges porque no sólo se mantienen unidos sino que realmente se aman y avivan ese amor y fortalecen su unión con acciones de perdón y comprensión, así sostienen su amor en la fidelidad.

 

También creo que aunque hay signos positivos de educación en la familia, debemos los padres de familia tener en cuenta y prevenir una mentalidad que poco a poco va permeando la estructura social y familiar en que vivimos, esta es la “pérdida de sentido comunitario”, es decir, el individualismo que considera importante sólo lo que afecta los propios intereses, el utilitarismo y el aislamiento. Estas expresiones son la muestra de esta pérdida del sentido de comunidad y de familia.

 

El que nuestros hijos e hijas se vayan formando con ideas y actitudes de individualismo, utilitarismo y aislamiento nos llevará a desdibujar el rostro de la familia, y más si es creyente, de servicio, de aprecio a la persona y de colaboración para bien de todos.

 

Las repercusiones en la sociedad se traducirán en un marcado desinterés por asuntos que nos competen a todos, la búsqueda de lo que solo a mi me conviene y a un empobrecimiento social en valores, formas de vida e inseguridad.

 

Por eso hoy, queridos papás, ejerzan con amor, alegría y entrega el don de la paternidad del Dios les ha hecho participes. Enseñemos, con la palabra y el ejemplo, que trabajan para todos en la familia, que valoran y respetan a cada uno de los miembros de ella; que la alegría de uno es la alegría de todos y que los problemas y preocupaciones son también compartidos por todos. En la familia se va aprendiendo el valor de la ayuda, del compartir y el de la solidaridad.

 

Padres de familia, en unidad de amor a su esposa, eduquen con sentido de Dios a sus hijos e hijas, sean ustedes ejemplo de amor y testigos alegres y confiables de la fe en sus hogares.

 

En sus comunidades parroquiales pediremos en la sagrada Eucaristía por todos ustedes y, lo reitero, cuenten con mi oración cotidiana de Padre y Pastor.

 

En San José, tenemos los varones, esposos y padres, un ejemplo de fe y amor a la familia. Que él sea nuestro protector y guía es esta aventura de fe y responsabilidad.




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