Jesús y el ciego

Jesús y el ciego

Jesús y el ciego

Tengamos en cuenta que el simbolismo de la luz o iluminación del evangelio de Juan adquiere gran relevancia en este relato; los elementos relacionados con la ceguera u oscuridad son evidentes así como los que se refieren la vista o la claridad de la luz.

Las palabras de Jesús del v. 39 parecen resumir en sentido catequético del relato: “para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos”. Con mucha probabilidad el relato de la curación del ciego de nacimiento quiere señalar una doble consecuencia elemental de la presencia de Jesucristo en la historia humana: iluminar y deslumbrar. El ciego curado pasa de sólo ser un beneficiado de Jesucristo a reconocerlo como a un profeta, hasta creer en él como el Hijo del Hombre. Por su parte, los fariseos de mostrarse renuentes a reconocer el milagro pasan a la descalificación y expulsión del recién curado a una ceguera culpable. Jesús es revelación y juicio, iluminación y deslumbramiento dependiendo la actitud y, sobre todo, con las intenciones con las que alguien se acerque a él.

Otra clave es la relación entre pecado y desgracia; para la mayoría de personas de aquel tiempo una desgracia individual o colectiva se explicaba a consecuencia de pecados anteriores (Ex 20, 5; Num 14, 18; Dt 5,9; Tob 3,3s). Los discípulos se hacen eco de la opinión corriente según la cual la responsabilidad del pecado de los papás se transmite a los hijos; pensaban que no había sufrimiento sin culpa. Sin embargo, al afirmar el Señor que “ni él pecó ni sus padres” rechazaba esa manera de pensar.

La vista y la ceguera

Por último, la presencia de Jesús provoca simultáneamente la vista y la ceguera (v. 39). Los que no ven pero están dispuestos recobrarán la vista; en cambio, los que ven pero insisten en cerrar los ojos se volverán ciegos. Por eso, el pecado de los fariseos no es su falta de vista sino que se mienten a sí mismos diciendo que ven cuando sucede precisamente lo contrario. Se hace realidad aquel dicho de que “es más fácil despertar a un dormido que a un despierto”.

¿Qué desgracias o situaciones de inocentes que sufren son espacios urgentes para que realicemos obras de la luz, obras del Señor? ¿Qué maneras de pensar o de comportarnos impiden que creamos en Jesucristo? ¿Qué es lo que nos está impidiendo ver con claridad para seguir a Jesucristo, orientar mejor nuestra vida y comprometernos más con nuestros hermanos?-

Presbítero Dr. Manuel Ceballos García. Mérida, Yuc., marzo de 2014.




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