Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto

Para comprender mejor este evangelio debemos considerar, en primer lugar, que los primeros cristianos no tuvieron ninguna dificultad en admitir que Jesús tuvo tentaciones. No les espantaba ni desanimaba; parece que más bien los llenaba de esperanza y les garantizaba que Él realmente se había hecho uno de ellos, excepto en el pecado.

Es necesario tener presente que las tentaciones son algo que acompaña a todo ser humano y no son en sí mismas malas; si se cae en ellas se convierte en pecado, si se supera se crece en la fortaleza.

Las tentaciones son inevitables y aparecen en los momentos más decisivos de la vida. Reconocerlo es ya una ventaja. Sin embargo, no es suficiente con que lo admitamos; debemos sentirnos responsables de superarlas adecuadamente.

Los cristianos que escuchaban o leían hace muchos años este pasaje del evangelio de Mateo debieron sorprenderse que se les dijera que Jesús había sido tentado; sin embargo, con mucha seguridad se llenaron de esperanza sabiendo que era posible, como Él, vivir superando las tentaciones y peligros de inclinarse al mal.




Volver arriba