Homilía dominical: Domingo de Pascua de Resurrección

Por el Pbro. Manuel Ceballos García

Domingo de Pascua de Resurrección

El acontecimiento de la resurrección no se describe con las formas espectaculares y apocalípticas de los evangelios sinópticos: para san Juan la vida del Resucitado es una realidad que se impone sin ruido y se realiza en silencio, en la potencia discreta del Espíritu.

El hecho de la fe de los discípulos se anuncia “cuando todavía estaba oscuro” y se inicia mediante la visión de los signos materiales que los remiten a la Palabra de Dios.

María Magdalena es la misma mujer que estuvo presente a los pies de la cruz con otras. Aquí parece que estuviera sola, pero la frase del versículo 2 (“no sabemos”) revela que había más mujeres, igual que en los otros evangelios.

No se especifica el motivo de su visita al sepulcro, puesto que ha sido referido que las operaciones de la sepultura estaban ya completadas; quizás, la única cosa que falta es el lamento fúnebre. “De madrugada, cuando estaba todavía oscuro”: san Marcos habla de modo diverso, pero se deduce que se trata de las primeras horas de la mañana, cuando la luz todavía es tenue y pálida. Quizás Juan subraya la falta de luz para poner de relieve el contraste entre tinieblas (falta de fe y luz) y la acogida del evangelio de la resurrección.

Notamos como Pedro y la Magdalena se caracterizan por su amor especial que los une a Jesús: es precisamente el amor, si es renovado, el que los vuelve capaces de intuir la presencia de la persona amada.

En el sepulcro, todo resulta en orden, aunque falta el cuerpo de Jesús y Pedro consigue ver bien en el interior, porque el día está clareando. A diferencia de Lázaro, Cristo ha resucitado abandonando todos los arreos funerarios: los comentadores hacen notar que, de hecho, Lázaro guardaría sus vendas para la definitiva sepultura, mientras que Cristo no tenía ya más necesidad de ellas, no debiendo ya jamás morir.

Para san Juan el binomio “ver y creer” es muy significativo y se refiere exclusivamente a la fe en la resurrección, porque era imposible creer verdaderamente antes que el Señor hubiese muerto y resucitado.

“No habían comprendido todavía la Escritura”: se refiere a todos los otros discípulos. También para aquéllos que vivieron junto a Jesús les había sido difícil creer en Él y para ellos, como para nosotros, la única puerta que nos permite pasar el dintel de la fe auténtica es el conocimiento de la Escritura a la luz de la resurrección.




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