Homilía dominical

“¡No tengan miedo.!”

San Mateo relata en su evangelio el llamado que hace Jesús a sus apóstoles y junto coloca algunas advertencias que el Maestro honradamente les ofrece. La misión es bella, pero absurdamente no gustará a todos y les cobrarán un precio doloroso.

La historia ha llegado a su momento culmen, el Mesías prometido ya llegó, el Reino de Dios se está iniciando. Como Dios llamaba a los profetas, así Jesús llama a sus apóstoles. Es más, Jesús los envía con la precisa y central misión de proclamar el Reino de Dios.

Esa misión los lleva como ovejas en medio de lobos.

Ese Reino es de vida pero sus constructores serán llevados a tribunales y los azotarán en las sinagogas. Como Jesús es maltratado a causa de su misión del Reino de Dios, así lo serán sus seguidores.

A Jesús lo llamaron Belcebú; igual sucederá a sus seguidores en la obra del Reino de Dios. No está el discípulo por encima del Maestro.

Como le sucedió a Jeremías, según la primera lectura de hoy, Jesús y sus apóstoles serán rechazados aún por sus amigos y por sus familiares. Serán odiados por muchos a causa de seguir a Jesús en la construcción del Rei no de Dios.

Jesús y sus apóstoles serán lle vados a la muerte.

A través de la historia muchos de sus seguidores en la construcción del Reino también sufrirán persecución y muerte. Pero Jesús les asegura a sus apóstoles y a todos los que en la historia lo sigan, que no tengan miedo.

Porque Dios Padre cuida del Reino y de los que lo construyen.

Dios Padre cuida de los pájaros, pero cuida más de quienes aceptamos ser constructores del Reino de los Cielos. Jesús murió, pero resucitó y el Reino sigue en la historia.




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