El Papa confesándose

Por Herminio J. Piña Valladares

Realmente una fotografía que me ha impactado y me ha hecho reflexionar es la imagen del Papa Francisco arrodillado delante de un confesionario, con la cabeza baja delante de un sacerdote, arrepintiéndose de sus pecados, confesando humildemente sus pecados de palabra, pensamiento, obra y omisión, una bella imagen que dice más que mil palabras.

Hace varios años asistí a un retiro espiritual y una pintura del artista holandés Rembrandt me impactó, la imagen del “Retorno del hijo prodigo”, el joven de la parábola del evangelio de San Lucas que despilfarró la fortuna, peco gravemente, pero reconoció sus culpas, sus pecados, se arrepintió de corazón de haberlos cometido y se dirigió a su casa y el Padre lo recibió con los brazos abiertos, hizo una fiesta, porque el hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado.

Estas dos imágenes, la del Papa Francisco arrodillado humildemente delante de un sacerdote confesando sus pecados y la de la pintura de la parábola del evangelio de San Lucas del hijo pródigo nos hacen recapacitar: que este tiempo es propicio para acercarnos al sacramento de la reconciliación, realizar un acto de contrición, pensar sobre nuestra vida pasada, sobre nuestras debilidades, nuestras faltas cometidas a nuestro prójimo, a nuestros padres, hermanos, esposa(o), familiares, compañeros, amigos, así como nuestros pecados cometidos en contra de los mandamientos.

También debemos pensar en los pecados de omisión que son faltas graves y solicitar al espíritu santo que nos ilumine, para reconocer nuestros pecados, así como un arrepentimiento profundo por haberlos cometido y pedir perdón a Dios.

Es recomendable asistir a la Santa Misa y recibir la Comunión, que es el cuerpo y la sangre de Jesucristo y podemos decir con los labios y con muestra mente “Yo no soy digno que vengas a mí porque soy un pecador, pero una palabra tuya, bastara para sanarme”.No olvidemos que en este periodo de cuaresma nos espera un sacerdote en el confesionario, para el Sacramento de la reconciliación, no dejemos pasar esta oportunidad, porque Dios nos espera con los brazos abiertos. Debemos estar conscientes que Dios es un padre bueno.

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(*) Abogado, asesor jurídico




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