Domingo de ramos

Domingo de ramos

Domingo de ramos

¿Qué sentido tiene para nosotros acompañar a Jesús gritando: “¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!”? ¿Dirá algo a nuestro mundo un rey que se acerca a la ciudad montado en un burrito? Pienso que muchos de los curiosos del tiempo de Jesús, asumirían la actitud de mirar con desprecio a la turba que vitoreaba a un caudillo con tan singulares posturas montado en un simple burrito.

Esta entrada triunfal de Jesús en Jerusalén tiene un profundo significado para los evangelistas y lo tendrá también para cada uno de nosotros.

Los sinópticos nos narran una sola visita de Jesús a Jerusalén y la colocan como el centro de toda su actividad evangelizadora y como la manifestación del verdadero mesianismo de Jesús.

La figura de Jesús montado en un burrito debería contrastar enormemente con los gritos de júbilo proclamándolo como Hijo de David. Todas las expectativas que señalaban al Mesías como un rey poderoso y fuerte, que con espada y lanza liberaría a Israel de todos sus enemigos, quedan totalmente ridiculizadas cuando Jesús se presenta “montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo”.

Un rey de paz

Y si por un lado se anima a Sión manifestándole que viene “su rey”, que le procurará la verdadera paz, por otro lado toda la humildad y sencillez con que Jesús entra en Jerusalén nos manifiestan el verdadero camino de la paz.

Jesús ofrece una manifestación de su condición de Rey-Mesías, no con el aire triunfal de los vencedores, sino en son de paz, con la sencillez del que viene a servir a su pueblo. La entrada de Jesús a Jerusalén y la entrada de Jesús en nuestro pueblo es en sí misma una interrogante sobre lo que significa su presencia y su misión en nosotros: ¿Cómo estamos construyendo la paz? ¿A base de descalificaciones, amenazas y venganzas? ¿Lo hacemos desde el interior, desde el servicio y desde la recuperación del valor de la persona?

Una misión de amor

Domingo de Ramos, Semana Santa. es la historia de Cristo encarnada en la humanidad, con la posibilidad de que nosotros cambiemos las situaciones y nos unamos al Jesús, Hijo de David, en su misión de paz y de amor. Claro que necesitamos cambiar las actitudes y asumir los criterios de Jesús que se entrega, mientras los demás huyen; que da la vida, mientras los otros toman las armas; que perdona, mientras los demás se llenan de odio.

La semana santa debe vivirse en este clima del gran amor que Jesús nos ofrece. Que cada una de las palabras de Jesús encuentre eco en nuestro corazón. Llenémonos del amor de Jesús, guardemos sus palabras, sus actitudes y sus enseñanzas en nuestro corazón.




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