De camino a emaús

De camino a emaús

El tercero de los siete domingos de Pascua tiene como centro una de las páginas más bellas de san Lucas: Emaús.

Los dos discípulos que caminan discuten entre ellos con su cara triste, retrato fiel de la crisis de fe, de la desilusión y de la discusión para cubrir un vacío que se hace cada día más angustioso. Se enciende una luz para ellos con el nuevo compañero de camino.

Esto se traduce en el creyente que va deslizándose hacia la incredulidad, aquel Mesías esperado que se había manifestado “poderoso en palabras y obras”, y que todo concluyó en un fracaso, tanto porque las autoridades del pueblo lo crucificaron, como por la vana ilusión surgida por la noticia de las mujeres.

Una clave de interpretación, es que aquel compañero de camino, por medio de una inmersión en las Escrituras, propone el Credo cristiano; y hace renacer en ellos la esperanza. El corazón de estos discípulos comienza de nuevo a “arder”. Surgen sentimientos semejantes a los del primer encuentro, cuando oyeron hablar de Jesús y lo vieron por primer vez.

Han llegado a la meta del camino propuesto: Emaús, que coincide con la meta espiritual de la reconquista de la fe: Aquella modesta cena de unos caminantes en una sencilla casa de Emaús, revive la última cena terrena de Cristo.

Hay dos acciones fundamentales, que vale la pena subrayar: “Comenzando con Moisés, siguiendo con los Profetas les explicó los pasajes de las Escrituras que se referían a él”.

Lo mismo el otro de: “Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció una bendición, lo partió y se los dio”.

Así Cristo hizo que Emaús fuera la experiencia de todos los creyentes: liturgia de la Palabra y liturgia de la Eucaristía.

Él se decidió a quedarse con nosotros. Debemos saberlo reconocer en el que camina a nuestro lado y aprender a comprender: con el corazón.Él se nos revela a través del “sacramento del hermano” y el pecado más grave es el de “cerrar los ojos” y no quererlo reconocer.El Bautismo, la Eucaristía y la Palabra, son tres grandes experiencias de la presencia de Cristo, en la existencia del creyente y en la comunión de la Iglesia.Hoy hemos recorrido el camino hacia lo que puede ser un nuevo Emaús. Después de acompañar al Señor en su pasión y muerte, hemos empezado a celebrar su Resurrección en estos cincuenta días de fiesta y, en este tercer domingo, la comunidad católica de Yucatán se ha reunido para recorrer el camino hasta el Santuario de Izamal y renovar su consagración anual a la virgen como patrona de nuestra Iglesia.

Las palabras de Pedro, palabras de la Escritura, han hecho arder nuestro corazón y nos llevan a vivir la Cena del Señor, como los discípulos que se encontraban en Emaús.

En esta ocasión en especial, aumenta nuestra alegría el recordar a San Juan XXIII y a San Juan Pablo II, testigos fieles de Jesucristo, que nos han animado a renovar nuestra vida de Iglesia en dos momentos diferentes de la historia reciente. A través de ellos el Señor Jesús se ha hecho presente a su Iglesia y la ha acompañado en el camino, dándole un nuevo ardor a su tarea evangelizadora. ¡Hoy y aquí, con la Virgen y con los santos Papas, celebramos la Cena de Emaús, reconocemos a Jesucristo resucitado, vivo y presente entre nosotros, nos llenamos de gozo y nos disponemos a retornar a nuestras comunidades con esta Buena Nueva. Amén. ¡Aleluya!




Volver arriba