Celebran la Pascua judía en María Madre de Dios

Enseñan relación del Haggadá y la liturgia cristiana

El padre Humberto Tun Balam, vicario de la iglesia María Madre de Dios, en la misa de unción de los enfermos que precedió a la cena judíaPlato con cordero, hierbas amargas, huevo duro, pan ázimo y "maror con jaroset" de la Pascua judía. A la derecha, un momento del rito

Con una cena pascual judía (Haggadá de Pésaj), el padre Humberto Tun Balam, vicario responsable de la iglesia María Madre de Dios, de la colonia Lázaro Cárdenas, quiso recordar cómo los judíos daban gracias a Dios por liberarlos de la esclavitud y por los dones recibidos.

“La intención es que los católicos valoren la Santa Misa como una acción de gracias y Eucaristía”, comentó el padre Tun Balam, antes del rito, en el que participaron unas sesenta personas.

A cada asistente a la cena, que se llevó al cabo en el atrio de la iglesia, se le entregó un texto sobre el Haggadá de Pésaj, en el que se explica que “cuando Jesús instituyó la Eucaristía lo hizo en el marco de la celebración de la Pascua judía. La contemplación atenta del rito y de los signos nos hará descubrir que muchos elementos de la Pascua judía han pasado a la liturgia cristiana”.

Antes de comenzar el rito el padre Tun Balam advirtió: “No se usan cubiertos, todo lo vamos a hacer ‘chuc’”.

Cada momento del rito incluyó lecturas de pasajes bíblicos y cantos, igual que en la Santa Misa, en la que “todos los invitados a la cena del Señor” participaron.

Primero se llevó al cabo el encendido de las luces del Menorah y se explicó el motivo de la celebración (la salvación definitiva de Jesús a favor nuestro).

La cena comenzó con el kidush, que es la bendición sobre el vino y la consagración de la festividad, su inauguración oficial.

Concluido el kidush, cada comensal bebió la primera de cuatro copas de vino del rito, reclinándose sobre su izquierda.

Enseguida, el padre Tun Balam lavó sus manos, una analogía con el perdón de los pecados cuando Jesús lavó los pies de sus discípulos.

Siguió el karpás, la bendición de las hierbas amargas, para lo cual se sirvieron tallos de apio; la partición del pan ázimo de en medio (Iajatz matzah), el pan de la aflicción, y el relato de la Primera Pascua (Maggid).

La segunda copa de vino fue la Copa de la Liberación. Antes de beberla, para finalizar el Haggadá, cada comensal mojó uno de sus dedos en vino y dejó caer una gota por cada plaga que padecieron los egipcios: sangre, ranas, piojos, langostas…

Siguieron el lavado de manos (rajtzá), la bendición del pan ázimo (motzi-matzá), el maror con jaroset (mezcla de frutas y vino en la que se mojó un pedazo de lechuga), el corej y el zeroá.

El zeroá, o cordero de Pascua, igual que en la Santa Misa, representa el sacrificio y la salvación.

Luego se canta el dayenu, una proclamación de fidelidad a Dios.

El momento de la cena festiva de Pascua se llama shuljan orej. Se come huevo cocido remojado en sal y cordero, sin tocar el vino y el pan que queda en la mesa.

El postre (tzafún) es otra porción de pan ázimo, tras la cual se recita el Birkat Hamazón (oración de agradecimiento por haber comido) y se bebe la tercera copa de vino (barej), de la redención.

La cuarta copa de vino (halel) es de la exaltación, momento en el que los judíos dan gracias a Dios por haberlos protegido de la destrucción a lo largo de la historia.

La celebración concluye con el nirtzá, algo así como “la paz”; todos se dan un abrazo fraterno y cantan “Hebenu shalom alejen” (el Señor te bendiga).

Misa sanadora

Antes de la cena judía, el padre Balam Tuz ofició una misa en la que ungió a enfermos y adultos mayores de sesenta años “que estuvieran bien delante de Dios”.

“¿Qué significa estar bien delante de Dios?”, preguntó. “Quiere decir ‘tengo sesenta años… pero tengo mi ‘guardadito’… ‘tengo sesenta años… pero me visita alguien que no es precisamente amigo o amiga…’. Yo no estoy para juzgar, pero sí para guiar”, aclaró.

En la misa, el padre recordó que para sanar se necesita creer. “¿Vienes los domingos a misa por obligación o porque crees en Dios? Hermanos, que nos mueva más la fe”, manifestó.

Dicho esto, recordó que con fe no hay enfermedad que detenga a nadie ni le quite la alegría.

“Transformen el sufrimiento en alegría”, dijo, y mencionó que se nos ha presentado una imagen negativa de la cruz, que más que sufrimiento “trae redención”.- Patricia Garma

Misa y cena | María Madre de Dios

En la iglesia de la colonia Lázaro Cárdenas se vivió un original miércoles de Pascua con sanación y cena judía.

Sin confesión

El padre Humberto Tun Balam, vicario responsable, explicó que los ungidos con santos óleos tenían perdonados sus pecados y podían comulgar sin haberse confesado, “pero si alguien cometió un pecado grave tiene que pasar al confesionario”.

Tres sacramentos

También dijo que en la misa los fieles recibieron la Eucaristía, los óleos y la reconciliación mediante el perdón de los pecados.




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