Muere Ronnie Biggs, ladrón del “robo del siglo” británico

En 1963 asaltó un Tren Real y vivió prófugo 35 años

Ronnie Biggs, en foto de 2011, en una conferencia de prensa

LONDRES (AP).- Ronnie Biggs era un delincuente de poca monta decidido a escalar en su vida criminal con el sorprendente asalto a un tren que transportaba una millonada de dinero.

El plan funcionó hasta cierto punto y tuvo un desenlace que ni él imaginó. Biggs formó parte de una banda de al menos 12 individuos que robó el Tren Real de Correo que iba de Glasgow a Londres en las primeras horas del 8 de agosto de 1963.

Los asaltantes cambiaron las señales del tren y engañaron al maquinista para que parara en la oscuridad.

En lo que después se conocería como “El robo del siglo”, los asaltantes obtuvieron un botín de 125 sacos con billetes por un total de 2.6 millones de libras o 7.3 millones de dólares de aquel entonces, equivalentes a cincuenta millones de dólares en la actualidad.

Biggs fue capturado pronto y encarcelado. Su fuga de una prisión de Londres y décadas de andar prófugo lo convirtieron en un personaje mediático y en una especie de héroe popular británico.

Vivió muchos años -sin que lo alcanzara el brazo de la justicia británica- en Río de Janeiro, donde a veces contaba a turistas y reporteros por igual relatos sobre el gran robo al tren.

Al parecer disfrutaba mofarse de las autoridades británicas e incluso vendía camisetas y recuerdos relacionados con su participación en aquel asalto. Vivió en libertad durante 35 años hasta que regresó voluntariamente en 2001 a Inglaterra en un jet privado cuyos gastos pagó el periódico sensacionalista “The Sun”. Fue hecho preso y encarcelado.

Biggs murió ayer a los 84 años, según anunció su nuera Verónica Biggs, quien no proporcionó detalles sobre las causas de la muerte. En su mayoría los integrantes de la banda que cometió “El gran robo del tren” fueron capturados y sentenciados a largas penas de prisión.

Bigss fue sentenciado a 30 años de cárcel, pero cuando llevaba 15 meses tras las rejas escapó de la prisión de Wandsworth. Había escalado un muro con una escalera de cuerdas y saltado hacia un camión de muebles que lo esperaba en el exterior. Fue el comienzo de una vida de fugitivo que le labraría la imagen de un pillo descarado capaz de burlar la ley.Biggs huyó a Francia, después a Australia y Panamá hasta que llegó en 1970 a Río de janeiro. Para ese entonces ya se había gastado la mayor parte del dinero del robo, debido a su vida de fugitivo y las cirugías plásticas para cambiar de fisonomía.

Ronnie Biggs vivió más de 30 años en Brasil, donde ganaba dinero gracias a su celebridad. A cambio de una tarifa contaba del robo a turistas y periodistas, al tiempo que vendía camisetas con la frase: “Visité Río y conocí a Ronnie Biggs… de veras”.En un sórdido bar de la casa donde vivía Biggs en Brasil, los parroquianos recuerdan al prófugo con cariño. “Nunca hablaba del robo”, dice Ronaldo Mendes, fotógrafo de 58 años que solía beber cerveza con Biggs. “Hablaba una suerte de angloportugués, pero se hacía entender. La gente lo quería mucho y cuando desapareció de Río fue una sorpresa para todos”.




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