Dior Homme refresca la raya diplomática

Por Mercedes Álvarez.

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PARÍS (EFE).— La raya diplomática vivió hoy una nueva juventud sobre la pasarela de Dior Homme, en la penúltima jornada de la Semana de la Moda Masculina de París, que contó con las ensoñaciones de clásicos renovados de Kenzo y el negro de Songzio.

A diferentes distancias, de diversos grosores, en posiciones variadas o en colores independientes, las rayas tomaron el control de los trajes de chaqueta y pantalón de Dior en un homenaje del actual director artístico, Kris Van Assche, a una prenda icónica del fundador de la casa.

El recital geométrico, en el que también se hicieron un hueco los lunares, se instaló sobre americanas que llegaron a contar con cuatro botones y sólo dejaban al descubierto la parte superior de la corbata, cubierta por una cadena.

Cuando un chaleco vaquero sahariano apareció bajo uno de los elegantes conjuntos, el público asistente se dio cuenta de que el formalismo de Savile Row, calle londinense conocida por sus trajes a medida, iba a dar paso a la aventura.

A partir de ahí, irrumpieron los vaqueros con vuelta, los chalecos de cazador en verde militar con múltiples bolsillos rectangulares, los cuellos y forros de piel de borreguito y los abrigos de aviador.

Dior Homme descubrió su colección en el Tennis Club de París en presencia del modisto Karl Lagerfeld y del actor estadounidense Will Smith, quien se ha convertido esta temporada en un invitado habitual de los desfiles parisienses.

Los abrigos “oversize” de hombreras caídas, una tendencia para el próximo otoño-invierno, también tuvieron su versión en Dior, ya sea como larga americana diplomática con la silueta de una rosa estampada, o en riguroso negro.

El lirio de los valles, una planta de campanillas blancas que en Francia se considera portadora de buena suerte, fue el “leitmotiv” de la colección, ya que se convirtió en broche y en estampado.

El dúo creativo de Kenzo, los estadounidenses Humberto León y Carol Lim, se inspiró en las ciudades y los paisajes del oeste de Norteamérica para crear una colección de otoño-invierno cuyo reto era reinterpretar los clásicos del armario masculino.

La firma, que suele destacar por sus originales estampados y coloridos diseños, prefirió concentrarse en el corte y dejó la paleta al dominio del marrón y el gris, con limitadas innovaciones cromáticas, principalmente en cítrico.

La americana quedó sumergida bajo el jersey de punto, una prenda a la que regalaron todo su pintura y geometría, en un desfile que se celebró en un decorado urbano de edificios y pasos de cebra.

El universo industrial interfirió en la aguja de Kenzo para aposentarse en forma de criatura de engranajes y herramientas sobre una sudadera y para confeccionar un calzado inspirado en las botas de seguridad.

Los pantalones del traje fueron estrechos y de cintura alta, mientras que los abrigos se disfrazaron de impermeable o se hincharon con un tejido acolchado.

Sin duda, lo más bonito de la colección fueron los estampados que representaron gráficamente bosques de abetos con las montañas de fondo, junto a un lago o un río, en tonalidades azules, violetas y blancas por el efecto de la luna llena.

El coreano Songzio confeccionó una colección negra en casi su totalidad, con la que quiso trasladar a la prenda las sensaciones que provoca la rugosidad de las rocas.

Con una pared de piedra artificial de fondo, hizo desfilar bermudas con vuelo, pantalones anchos pesqueros de reminiscencias orientales e incluso una larga trenca de punto.

Los cuadros de franela azul y las tiras metálicas acostadas verticalmente las unas junto a las otras fueron los detalles que sobresalieron en los diseños “total black”, que tendieron a permanecer rígidos en movimiento.

La francesa Hermès defendió una colección exquisita, que sin innovar en exceso, supo captar la atención con prendas clásicas, como las americanas cruzadas, los pantalones de cuero, los abrigos estructurados y, lo más llamativo, las cazadoras de piel de cocodrilo.

Los complementos, que le han dado la fama, estuvieron presentes en la pasarela en forma de pañuelos estampados, pero sobre todo, en un gran bolso rojo pasión que destacó en una paleta de grises, negros, marrones, crudos y marinos.

Las botas coparon todas las miradas de la colección de otoño-invierno de Miharayasuhiro, firma japonesa conocida por sus colaboraciones con Puma en el diseño de zapatillas deportivas.

En una galería de los jardines del Palais Royal, desveló un calzado de tipo militar, que trabajó en metalizado desgastado, en una combinación geométrica de piel y ante o añadiendo una salpicadura de pintura en la puntera.




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