Quería ser periodista, y así me gusta que me llamen: Zabludovsky

MÉXICO (Notimex).- Quería ser periodista desde muy temprana edad ‘y así me gusta que me llamen’, porque comunicador ‘pues pueden ser otros muchos que no son periodistas, ¿verdad?’.

El presidente Enrique Peña y Nieto y Jacobo Zabludovsky

‘En mis tiempos, en los que quise ser periodista, no había escuela, de tal manera que estudié lo que era más afín a la profesión que yo quería seguir en mi vida, y entré al Bachillerato de Humanidades en la Escuela Nacional Preparatoria’, expresó en entrevista con Notimex.

Recordó que ‘al terminar el bachillerato, podías ir a la Escuela de Filosofía y Letras o a la Facultad de Derecho. Me incliné más por la Facultad de Derecho, por el rigor de sus materias, aunque nunca pensé que ejercería de abogado, y nunca quise ser litigante, ni nada de abogado’.

Es el licenciado Jacobo Zabludovsky Kraveski, pionero de los noticieros de radio y televisión, quien hace unos días recibió de manos del presidente Enrique Peña Nieto un reconocimiento por 70 años de trayectoria, en la primaria donde estudió hace 80 años; al acto asistieron el jefe de gobierno, Miguel Angel Mancera, y el titular de la Secretaría de Educación, Emilio Chuayffet.

‘Nunca imaginé que yo hubiera podido recibir un reconocimiento de esa dimensión. Estaba yo emocionado, pronuncié unas palabras con un nudo en la garganta y a duras penas terminé’, comentó.

Jacobo, como también le gusta que le llamen, recibió a Notimex en su oficina privada, en la que se rodea de centenares de libros, muchos de ellos del Centro Histórico, que es una de sus principales pasiones; otros son de escritores a los que ha entrevistado y que a la postre se han convertido en sus amigos.

Evocó que hasta los 20 años de edad vivió en el Centro Histórico, en seis vecindades distintas antes de salir de La Merced, y que su primera escuela fue la calle, donde ‘aprendes más que en las aulas’, aunque luego ingresó a la Escuela República del Perú, que ahora se llama España, y está en San Jerónimo 112 bis, a unos pasos de donde vivía.

Continuó sus estudios en la Secundaria Número 1, en la calle Regina 111, e igual, ‘no me bajé de la banqueta, porque era en la misma manzana’, y de ahí a la Escuela Nacional Preparatoria y a la Universidad Nacional Autónoma de México, lo cual le representa ‘que la educación que imparte el Estado, pues resulta buena’.

‘Yo creo que para la enorme mayoría de mexicanos no se entiende el México de hoy sin la mística de la educación en México, sin la mística emanada de la Revolución Mexicana, plasmada en la Constitución de 1917, que ha permitido que este país crezca sobre bases firmes, con una educación gratuita, laica y popular, es decir, que todos pueden acudir a ella sin discriminación’, añadió.

La pasión por el periodismo le surgió en la adolescencia; un vecino que trabajaba como corrector de pruebas en el periódico El Nacional lo invitó ‘y corregía yo las pruebas de escritores muy buenos que colaboraban en El Nacional, y yo quería ser como ellos’.

‘En mis tiempos, en los que quise ser periodista, no había escuela’, la primera escuela de periodismo la estableció después Carlos Septién García, y se llamaba ‘Escuela Católica de Periodismo’, pero a la muerte del fundador se le puso su nombre.
En 1943, Jacobo empezó a tramitar su permiso de locutor, porque era indispensable para poder hablar por un micrófono, y tardó casi dos años para conseguirlo, tiene fecha 3 de enero de 1945, es decir, el primer día hábil de ese año.

Trabajó en la estación XEQK, la estación de la hora exacta, ‘porque no todo mundo tenía reloj en esas épocas, tenían los ferrocarrileros, los tranviarios y el que suena las campanas en la Catedral, pero la gente común y corriente no tenía reloj… pues no había lana’.

Empezó entonces a escribir para la cadena de Radio Continental, que estaba en una vieja casona de la Colonia Roma, y ahí le pidió trabajo a un hombre que fue decisivo, Alonso Sordo Noriega, ‘el mejor periodista de radio que yo conocí en mi vida… lo poco que yo sé de radio se lo aprendí a él’.

En tanto, en el periodismo impreso, José Pagés Llergo lo transformó ‘de un periodista que hacía columnas frívolas en el periódico El Redondel, con una columna que se llamaba Antena, a escribir con las mejores plumas de México en la revista Siempre!’.

‘Entonces, cuando él me llamó a trabajar en esa revista, me obligó a superarme para poder estar a la altura de quien estaba en la hoja de enfrente, fue un gran esfuerzo, me enseñó la disciplina de entregar un artículo cada semana’.

El titular del programa de radio ‘De una a tres’ y columnista del periódico ‘El Universal’ refirió a Notimex que el trabajo diario es lo que le estimula y que lo disfruta enormemente, aunque algunas veces le angustia. ‘Pero si sólo fuera alegría, sería muy aburrido’.

‘Es el contraste del trabajo periodístico lo que lo hace fascinante, apasionante, y yo tengo mi rutina de trabajo, pero no sé el contenido del trabajo, porque no sé los hechos que van a ocurrir y eso representa un desafío constante”.

Rememoró, entre los hechos que le han marcado en 70 años de periodismo, el terremoto de 1985, cuando vio destruida su casa de trabajo de toda la vida, Televisa. Sabía quienes habían quedado bajo los escombros, pero tenía que transmitir por radio, ‘entonces no tenía tiempo de llorar’.

La televisión había dejado de funcionar, se cayeron las antenas. No sabía que era el único que estaba transmitiendo, y llegó hasta donde las ruinas le permitían pasar en el coche, donde tenía un teléfono.

Le impresionó la entrada de Fidel Castro a Cuba, y le han impactado algunos funerales, como el de Winston Churchill, el de John F. Kennedy, el de la princesa Diana, y el del dictador de Nicaragua, Anastasio Somoza.

Confesó el disfrute que le ocasionaron las entrevistas con Gabriel García Márquez, Salvador Dalí, David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, Humberto G. Tamayo y Octavio Paz, entre muchos otros, que le han dejado una profunda huella “a veces dolorosa o a veces grata’; sin contar con la reciente entrevista al presidente de Israel, Shimon Peres.

Jacobo Zabludovsky descartó que haya algún periodista que diga que lo ha visto todo, pues ‘¿quién puede tener el descaro de decir: yo ya lo vi todo? Oye, tendría que ser Dios’.

‘Eso no es posible, no hay acontecimiento igual, aunque aparentemente sea igual a otro, no hay, todo es nuevo; y lo importante es no perder la capacidad de asombro, porque entonces eres un vegetal’.

Subrayó que el periodismo es una disciplina, un ‘juego de profesionales, no de chistosos, de inspirados, no de los que trabajan cuando se inspiran’, y aunque los hechos son impredecibles, el periodista tiene que estar en su lugar.

Con franqueza, confesó que el retiro no está en su horizonte, aunque le teme al que pueda ser provocado por una enfermedad o un accidente que lo deje imposibilitado. ‘Eso sería espantoso, pero mientras no ocurra eso, voy a seguir’.

‘Me dicen ¿por qué no te retiras? o ¿Cuándo te vas a retirar? Yo digo: pues si no soy torero. Los toreros se retiran porque no pueden brincar la barrera a cierta edad, pero yo no brinco barreras y todavía estoy en plena acción, disfrutando mi trabajo más que nunca’.

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