La poesía completa de Emily Dickinson, por primera vez en edición bilingüe

 

Carmen Sigüenza.

MADRID (EFE).- Emily Dickinson, considerada una de las mayores poetas en lengua inglesa y una de la grandes de la literatura universal, a pesar de que su producción poética fue muy grande, solo publicó alrededor de unos ocho poemas en vida.

Ahora el poeta español José Luis Rey acaba de traducir sus “Poesías Completas” (Visor) en edición bilingüe, en un volumen de casi mil quinientas páginas que acoge el hondo e inmenso mundo interior de esta poeta.

Emily Dickinson (1830-1886) nunca salió de su propia habitación, en su casa de la pequeña población de Amherst, en Massachussetts (EE.UU.), desde donde solo veía su jardín, el paraíso que pobló su universo habitado por un profundo conocimiento del alma humana.

Admirada sin par por Juan Ramón Jiménez -ambos consideraban la poesía como fuente de conocimiento-, como recuerda a Efe José Luis Rey, es un referente de toda la poesía del siglo XX.

En este volumen, que es primera edición en castellano, José Luis Rey (1973), Premio Loewe de poesía por “Barroco”, ha seguido la edición canónica de Johnson, que apareció por primera vez en 1955.

“He trabajado durante varios años en ella, pero siempre me ha acompañado porque la admiro desde siempre y es fundamental en mi poesía”, explica el poeta.

Como decía Octavio Paz, “traducir no solo es trasladar sino transmutar”, o también José Ángel Valente, quien no hablaba de traducciones sino de “versiones”, Rey ha puesto su conocimiento en versionar los poemas de esta mujer, que consideraba el mundo exterior algo demasiado “prosaico”.

“¡Perdida, cuando ya estaba salvada!¡El mundo dejé atrás!/Y me armé para hollar la Eternidad./Cuando cobré el aliento, ¡y en la orilla oí/retirarse mareas decepcionada”, escribe Dickinson, y “Yo no soy nadie, ¿quién eres?, ¿eres nadie también tú?”.

La naturaleza, el amor -nunca mencionó ningún nombre, ni de hombre ni de mujer- y la muerte son los temas de esta culta creadora que se formó en un seminario de la mano de su padre, en el entorno de una familia muy puritana y religiosa.

Aprendió desde botánica a matemáticas y religión, y griego y latín, una influencia constante en su sintaxis, en opinión de José Luis Rey, quien resalta este aspecto como una dificultad añadida a la traducción.

“La influencia del latín se deja ver en muchos casos, porque no conjuga los verbos, y eso cuesta, como también el uso de algunas palabras en inglés antiguo”, precisa el traductor, al tiempo que asegura que algunos de los poetas a los que más influyó Dickinson fueron Wallace Stevens, Hart Crane o Elizabeth Bishop.

Juan Ramón Jiménez decía también que la poesía es un tesoro viviente que va dejando caer algunas joyas en forma de poema, y eso puede aplicarse a Emily Dickinson según José Luis Rey, “un tesoro”.

“Ella no tuvo mucho éxito en su tiempo, porque, además de poeta, era mujer, y en su tiempo eso no se tomaba muy en serio; pero es que era una adelantada a su siglo -advierte-. En su época ni si quiera su mentor literario, con el que se carteó, el crítico Higginson, llegó a comprenderla”, subraya Rey.

Visionaria, sublime, sutil, intensa, ilimitada, Emily Dickinson ve en la oscuridad, como dice el crítico Harold Bloom, para quien la poeta no ha sido superada por ningunos de sus descendientes poéticos.

Dickinson se preguntaba, “¿Mi verso está vivo?”, y así lo dejó escrito en una de las cartas que escribió a su consejero literario Higginson. Hoy se puede decir- “Más vivo que nunca”.




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