La escritora Vanessa Montfort regresa a Nueva York junto a Charles Dickens

 

Irene Dalmases

BARCELONA (EFE).- Se encontraba la escritora Vanessa Montfort fotografiando escenarios para su novela “Mitología de Nueva York” cuando en una de las imágenes vislumbró unas ruinas que parecían góticas, ubicadas en lo que actualmente es la isla de Roosvelt, un lugar que en el siglo XIX visitó Charles Dickens.

En una entrevista con Efe la autora nacida en Barcelona, pero criada en Madrid, de padre estadounidense, explica que empezó a documentarse sobre ese lugar, un islote de apenas tres kilómetros cuadrados entre Manhattan y Long Island, y tras unos años de trabajo acabó por dar forma a su nuevo libro, “La leyenda de la isla sin voz”, que publica Plaza & Janés.

Montfort regresa a la ciudad de los rascacielos de los años 1842 y 1867 para recrear el viaje que hizo el escritor británico Charles Dickens y que le sirvió de inspiración para escribir algunas de sus obras.

Advierte la novelista que ha armado una ficción, con hechos inventados, a partir de horas de documentación, en las que tanto pudo conocer algunos de los pasos que dio el padre de Oliver Twist en lo que entonces era la isla de Blackwell, como adentrarse por el manicomio, los asilos, el penal o el hospital que allí había.

A diferencia de lo que ocurre en la actualidad, una isla residencial que lleva un tiempo de moda, en la década de los años cuarenta del siglo XIX era un micromundo de personas hacinadas en condiciones inhumanas.

Vanessa Montfort cuenta que haber podido abordar esta temática le ha ayudado a tener oxígeno y no esconde que ha recuperado el placer de contar historias y de contárselas a sí misma.

Blandiendo que “la imaginación es poderosa”, la narradora da voz a todos los que pasaron por aquel lugar y, especialmente en su honor, creó el personaje de la enfermera de origen irlandés Anne Radcliffe, una heroína romántica e idealista que parte de la premisa de que “donde todo es imposible, todo es posible”.

En este punto, admite que pinta una isla claustrofóbica desde la que se ve el Nueva York dinámico “en el que crece Wall Street, está a punto de abolirse la esclavitud, y donde está a punto de suceder todo, mientras en las instituciones de la isla nadie oye la voz de sus residentes”.

Por otra parte, Montfort defiende que en tiempos como los actuales, en los que las diferencias entre los más ricos y poderosos y los que menos tienen son parecidas a la época de Dickens, “todos nos enfrentamos a una página en blanco e igual que algunos de los personajes que aparecen en la novela hay -considera- que cambiar el estado de las cosas”.

En su opinión, más que nunca, “se necesitan motores, gente que se atreva a imaginar” y que no se quede con los brazos cruzados “ante todo lo que está ocurriendo en el momento más dickensiano de nuestra historia reciente”.

El Dickens de su novela es un hombre, primero en la treintena y ya autor de éxito, y después con más de cincuenta años y divorciado, que no se muerde la lengua a la hora de denunciar lo que ha visto en la isla y que se posiciona, asimismo, en contra de la esclavitud.

Monfort cree que fue un liberal convencido, un filántropo que en su momento luchó para que se erradicaran las desigualdades o para que se respetara la propiedad intelectual.

En la novela aparece en algunos pasajes al lado del escritor Washington Irving, y también se citan otros personajes reales como Edgar Allan Poe, Julio Verne o la periodista Nellie Bly.

Nacida en 1975 y con varios premios literarios en su haber, Montfort ya está metida en otra nueva historia para la que incluso tiene título, “El extraño destino de las olas”, y no para de escribir teatro como la pieza, “La sirena negra”, que el director de cine Elio Quiroga empezará a rodar en abril.




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