Juan Gelman, el sufrimiento y el dolor hechos poesía

Foto de archivo del poeta Juan Gelman

Foto de archivo del poeta Juan Gelman

MADRID (EFE).- Grandísimo poeta, querido y comprometido, Juan Gelman era por encima de todo un gran ser humano que allí donde iba causaba una profunda admiración y respeto por la dignidad con que afrontó el dolor y el sufrimiento que le tocó padecer en su vida y a los que sobrevivió gracias a la escritura.

Juan Gelman encarnaba “la verdad del corazón y la verdad del mundo” y ahí iba dirigida su poesía, como él mismo recordó en su discurso de entrega del premio Cervantes en 2008, uno de los textos más emocionantes que se han oído en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), en el que apeló a la recuperación de la memoria, ante un auditorio rendido a las palabras del poeta, que habló de pérdida, memoria, experiencia y amor.

“Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente del amado- Dios, para ellos, el país del que fui expulsado, para mí”, dijo.

 

Un Juan Gelman que en España recibió los premios más importantes, el Cervantes, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, que publicó toda su obra en las mejores editoriales, y su última obra, su poesía reunida, en Seix Barral (más de 1.400 páginas). Este país también le escuchó en 2000 como a un testigo más para denunciar las violaciones de los derechos humanos y demás crímenes de la Junta Militar Argentina entre 1976 y 1983.

Entonces Gelman, como siempre humilde y tan discreto que los periodistas que cubren la información de Tribunales no le reconocieron, fue a la Audiencia Nacional de Madrid para declarar en el juzgado de Baltasar Garzón sobre la historia más triste de su vida.

Una pesadilla que comenzó en 1976 cuando los militares argentinos fueron a buscarle a él a su casa y, como no le encontraron, se llevaron a su hijo y a su nuera embarazada. A su hijo le asesinaron y le metieron en un tambor de grasa de mas de 200 litros rellenado con cal y cemento y le arrojaron al río San Fernando. Trece años después fue identificado.

A su nuera, Claudia, después de que diera a luz una niña que fue entregada a una familia de un militar, la mataron de forma cruel también. Un espanto que se alivió algo cuando el poeta encontró a su nieta muchos años después, gracias a la ayuda del expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti.

Pero esa rabia y ese gran dolor Gelman los convirtió en poesía, una palabra alimentada por el sufrimiento, pero sin ira y sin rencor, porque el poeta de mirada acuosa y voz pausada que hoy ha muerto nunca perdió la pausa y la mansendumbre.

Dejaba escurrir suavemente su acento argentino en la música de sus palabras. “Se suele ser revolucionario en el modo de la rabia- Juan Gelman lo es sobre todo en el modo de la ternura”, decía Jorge Riechmann del autor de “Gotan” o “Cólera de buey”.

“La mera existencia de la poesía resiste el envilecimiento de lo humano”, dijo en su discurso de entrega del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

“Violín y otras cuestiones” fue el primer libro que publico Juan Gelman, y lo abría con unos versos que le han perseguido hasta el final- “Quién pudiera agarrarte por la cola/magiafantasmanieblapoesía!/Acostarse contigo una vez sola /y después enterrar esa manía!/Quién pudiera agarrarte por la cola!”.

Y es que este hombre de “existencia heroica”, como lo definió Antonio Gamoneda, decía con humor que escribía por insatisfacción, porque siempre había perseguido a la Señora (la poesía) y nunca la había podido alcanzar ni por la cola.

La palabra como resistencia, pero la palabra nunca como panfleto, porque según Juan Gelman para que “la palabra sea insurgente tiene que tocar el corazón”.

El poeta argentino recibió todos los premios- el Nacional de Poesía de su país, el Juan Rulfo, el Pablo Neruda o el Ramón López Velarde, y multitud de homenajes. Entre ellos, el que recibió en la Feria del Libro de Fráncfort en 2010, donde cautivó a decenas de personas, como un ídolo, haciendo memoria de su laberíntica vida y de su largo exilio y donde recordó las lecturas en ruso de su infancia y su amor por el tango y la milonga en su barrio judío de Buenos Aires.

El autor de “Cólera Buey”, “País que fue será” o “El emperrado corazón amora”, iba a cumplir el próximo día 18 de enero 35 años de vida en México, y lo pensaba celebrar con una fiesta, aunque fuera en silla de ruedas y maltrecho, según el editor Chus Visor, quien había hablado con él y con su mujer, Mara Lamadrid, en los últimos días.

El poeta y periodista, que lo fue, y que ha muerto a sus 84 años, ya no podrá dar esa fiesta, pero, como consideraba la poesía “un oficio ardiente”, sus versos seguirán incandescentes.- Carmen Sigüenza




Volver arriba