Imperio de certezas en las manos

Cecilio Perera da con su guitarra emoción y claridad

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Dos momentos de la presentación, el viernes pasado, de Cecilio Perera, quien interpretó "Concierto en Toronto" de Leo Brouwer. A la izquierda, el guitarrista yucateco, quien brindó una ejecución emotiva y clara, saluda a uno de los violinistas de la Orquesta Sinfónica de Yucatán


¿Qué espera el cuerpo de la guitarra?/ Noche y día busca el aire de una mano. / Una mano que la lleve / al delirio de sus cuerdas… Ay, la guitarra, clamor del pueblo, metal herido, fue el centro afectuoso del segundo concierto de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, anteanoche, en el teatro Peón Contreras.

Cecilio Perera, aquel muchacho de tímidos párpados que nos asombrara hará diez años, ahora ha regresado, con un imperio de certezas en las manos. Interpretó a su favorito, el cubano Leovigildo Brouwer, con un ritual de emoción y claridad digno de la más amplia gratitud.

La guitarra y un fragmento del alma apasionada de Beethoven, pues nuestra orquesta se arriesgó a ingresar en la partitura de la Sinfonía No. 3 que se conoce como Heroica desde su publicación en 1806.

Desde el podio, el director titular, maestro Juan Carlos Lomónaco, vitoreado por sus admiradores, comenzó el recital con los Sones del Mariachi de Blas Galindo, y esto para remedar en todo el primer concierto oficial de la orquesta, en febrero de 2004, que inició con una composición mexicana, contó con la presencia de Perera y se clausuró con beethovenianos acordes.

Sombreros al aire y jaripeos, fiestas en algún poblado de los Altos de Jalisco, todo un ventarrón de recuerdos de la comarca del Bajío llegó a sacudir la noche. Viva, intensamente acorde con el aliento épico, nuestra orquesta obtuvo el beneplácito de sus oyentes.

Seguramente dada su admiración por don Leo, el joven Cecilio llegó al escenario tras poner en práctica todos los “axiomas técnicos” que aconseja el célebre cubano. Esos ejercicios para ambas manos, arpegios y rasgueos a diferentes tiempos; con un dedo fijo a modo de cejilla forjar ligados y escalas con los restantes; pulsar armónicos en diagonal, etc.

Lo cierto es que, ante el Concierto de Toronto, Perera resolvió todos los enigmas, convino una generosa colaboración con nuestra orquesta y nos entregó una muestra del minimalismo a partir del cual ha mostrado el cubano su desprecio por toda postura académica. El arte de la sencillez, la claridad y lo estrictamente preciso nos avisan del equilibrio total de la naturaleza, de cómo los sonidos, lenguaje de sacra combinación, impregnan de orden nuestras almas si tenemos la humildad de aceptarlos. Los aplausos para Cecilio fueron, como es común, intensos y prolongados. Agradeció con dos obsequios: un tango y el Son de la Negra.

Águila que sobre Europa se pasea / Los hombres te observan atónitos,/ maravillados del orden que tus manos inauguran. Rebosando pasión por la libertad del hombre, don Ludwig quedó fascinado con Napoleón Bonaparte, heredero universal de la Revolución francesa. Lo creyó – igual que Hegel y Goethe- el “héroe puro” con el que soñaban los pensadores de la Ilustración. Para honrarlo compuso su tercera sinfonía.

Enorme, como el corso mismo, la composición fue el primer asomo del romanticismo beethoveniano. Yendo más allá que sus maestros clásicos, el maestro desplegó un lenguaje de entusiasmo nunca antes escuchado. Los críticos que asistieron a las primeras ejecuciones quedaron aturdidos ante la dificultad de hallar coherente un universo tan poderoso y variado en su temática.

Desde los dos imperiosos acordes iniciales del Allegro con brío se advierte el esmalte vivaz del romanticismo, percibimos aquel impulso enérgico que canta las grandezas del hombre como individuo y ciudadano. Que los dos primeros instantes de la pieza ocuparan treinta minutos fue visto en su época como algo titánicamente raro, un nuevo derrotero para la estructura de la sinfonía.

“Una de las mejores del país”. Así califica el maestro Lomónaco a su propia orquesta, y cualquiera que se haya encontrado anteanoche en este recital firmaría al calce sin reparos. Bellísima devino esa marcha fúnebre que anticipa el fin de las heroicas ilusiones con sus alternancias de piano y forte, así como rítmicamente muy logrado el scherzo, lleno de fuego, que anticipa las variaciones finales. Merecidos los prolongados aplausos.- Jorge H. Alvarez Rendón

Música | Guitarra

Cecilio Perera afirma que la guitarra puede ser a veces celosa como la mujer.

Casi nueva

“Concierto de Toronto” de Leo Brouwer, ejecutó anteanoche el solista yucateco, quien dice que es una pieza poco tocada, quizá porque es prácticamente nueva.

Muchas emociones

Dice que siente la pieza como “si te estuvieran contando un relato intenso, fogoso, rápido, fuerte y agresivo”.




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