Homilía dominical

Por el Pbro. Manuel Ceballos García

El Cordero que quita los pecados.

Tengamos en cuenta que Juan el Bautista presenta a Jesús como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Siendo un pueblo de pastores, el cordero (o la oveja) desempeña un papel importante (lo mismo que el pastor), para expresar su propia identidad en la Alianza y en la Pascua, sus dos eventos centrales.

Ciertamente en estos textos la sangre del cordero está en relación con la preservación de la vida y la liberación (Ex 12; 53, 7); sin embargo, aunque expía o “lleva” el pecado de Israel, no lo quita. De ahí que el pueblo de Israel viviera con la esperanza de que en la plenitud de los tiempos dejara de existir el pecado (Is 11, 9).

‘Quitar’ el pecado significaría, entre otras cosas, eliminar lo que se opone a la vida auténtica que ofrece Dios, lo que se opone a los valores; esta acción incluye el perdón, pero también la posibilidad real de que el mal se corte de raíz.

Ahora bien, el Cordero de Dios nos ayuda a acertar, no sólo a evitar el pecado. El pecado, en nuestra común manera de pensar, es hacer algo malo. Para la mentalidad israelita y de muchos de los primeros cristianos, pecar tenía detrás el sentido de transgredir, pero también el de “no dar en el blanco”. En ese sentido, el pecado no es sólo faltar contra algo o contra alguien sino al mismo tiempo, no tener objetivos fijos, no tener claridad del blanco al que se apunta.

De allí que la proclamación de que el Cordero de Dios quita el pecado no incluye sólo el perdón sino que va más allá: a capacitar a la persona para acertar cada vez más y mejor. El Cordero de Dios purifica, pero sobre todo, si las personas así lo quieren, ofrece las capacidades para que el pecado se vaya erradicando del mundo. Esta eliminación del pecado va más allá de los pecados personales porque el texto bíblico se refiere al pecado del mundo. Y ‘mundo’ es la humanidad incrédula.De esta manera, Jesucristo, el Cordero de Dios, realmente ofrece la seguridad, si el ser humano pone lo que está de su parte, no sólo de evitar el pecado sino de enfocar su proyecto de vida en los principios que generan la vida de calidad que Dios ofrece. Mérida, Yuc., enero de 2014.




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