Gala coral y sinfónica

Se enseñorea Giuseppe Verdi en el Peón Contreras

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Juan Carlos Lomónaco agradece los aplausos del público durante la presentación de anteanoche de la Sinfónica de Yucatán y el Coro Filarmónico en el Peón Contreras. El concierto se repite hoyOtro momento de la función, la penúltima de la temporada


¡Ven, guerrero vengador, ven y con nosotros goza; lanzaremos laureles y flores al paso de los héroes..!

Coral hubo de ser la gala que, anteanoche, en el Teatro Peón Contreras, cerrara la vigésima temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán. Así ya lo establece la costumbre. La voz humana, con los estandartes propios de la ópera o de la cantata, es siempre la invitada de rigor.

En esta ocasión, a los doscientos años del nacimiento de Giuseppe Verdi, uno de los más fructíferos artífices del melodrama, auténtico “músico nacional”, nuestra orquesta se asoció con el Coro Filarmónico de Yucatán para repasar, con oberturas y fragmentos significativos, algunas de las principales páginas del homenajeado.

Juan Carlos Lomónaco y Luis Luna Guarneros, directores de la orquesta y el coro, respectivamente, erificaron un ferviente, amoroso espectáculo por cuyo conducto fue advertible la perenne vigencia de las melodías compuestas por Verdi en la segunda mitad del siglo XIX.

A la cabeza

Singular por sus dimensiones y poderío, la obertura de “La fuerza del destino” encabeza la velada dentro de ese matiz de tragedia que el romanticismo hace prevalecer entre arranques de orgullo y malentendidos jamás aclarados. Audibles son los temas de don Álvaro, metáfora de Garcilaso de la Vega, el Inca, y doña Leonor de Vargas, cabalgando sobre anticipos rítmicos de las intervenciones de Preciozilla, la gitana de las amargas profecías.

En el esquema complejo de la ópera, la función del coro evolucionó desde ser elemento de ornato hasta reconquistar la jerarquía que tuviera en el teatro griego como comentador de los grandes temas. De ahí que se haya seleccionado un segmento que adorna el tercer acto de la quinta ópera escrita por Verdi, aquella “Hernani” que se basara en el drama de Víctor Hugo, como primer número del grupo estructurado y dirigido por el maestro Luna Guarneros.

Que despierte de nuevo el león de Castilla, y que en cada montaña resuene el eco de su tremendo rugir… Toda la altivez patriótica de los comuneros alzados contra el flamenco rey Carlos V emerge en este fragmento que los venecianos cantaron después del estreno de la ópera para fortalecer su propia lucha contra el austriaco. Algunos de los coros de Verdi tenían ese efecto liberador y de transposición de situaciones. El desempeño de nuestro coro fue satisfactorio y cosechó los primeros aplausos.

El número siguiente, tomado de la ópera “El trovador”, se sitúa en el momento cuando los gitanos, en su campamento agreste, ven aparecer los primeros signos del amanecer. ¡Mirad! La inmensa bóveda del cielo se desprende de su manto nocturno, como cuando una viuda se quita por fin los oscuros velos que la envolvían… Muy logrado el acento impetuoso, un tanto envuelto en lirismo, algo tequioso de manejar.

(Dato anecdótico. “El trovador” se basa en un drama del español Antonio García Gutiérrez, quien, en su juventud, vivió en nuestra ciudad, en el barrio de Santa Lucía, a escasos 150 metros del Peón Contreras).

Otros momentos destacados de esta gala coral fueron los dos fragmentos de “La traviata”, tan conocidos por el público aficionado, y dos cantos heroicos de la célebre “Aída”. Especial emotividad tuvo el coro “Va pensiero” de la ópera “Nabucco”. La apasionada, tierna melodía que entonan los hebreos que marchan al cautiverio en Babilonia fue interpretada, en tiempos de Verdi, como un alegato sobre la dependencia de los italianos al poder extranjero, motivo por el cual este fragmento se convirtió en canto de batalla… ¡Ve, pensamiento, con alas doradas, pósate en las praderas y en las cimas donde exhala su suave fragancia el dulce aire de la tierra natal! ¡Saluda las orillas del Jordán y las destruidas torres de Sión!

Brillo propio

Por su parte, nuestra orquesta logró brillantes interpretaciones de la obertura de “Nabucco” y la marcha triunfal de “Aída”. Nutridos aplausos pusieron fin a una temporada rica en programas de gran interés para el público, no sin que, antes, se repitiese, como obsequio muy propio, el “Va pensiero”.

Que el año venidero traiga una vigésimo primera temporada igual de fructífera y que Dios nos permita disfrutarla. Asimismo, no podemos finalizar esta nota sin agradecer al señor Miguel Escobedo Novelo y su encargado de medios, Tomás Morales Paredes, esas atenciones y cortesías que hacen más llevadero nuestro trabajo.- Jorge H. Álvarez Rendón




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