Evocadora noche de la OSY

Evocadora noche de la OSY

Pezone y Galván resaltan airosos el concierto semanal

Miguel Galván, con el fagot, en un momento de la velada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, bajo la batuta de Gabrielle Pezone, detrás

Comienza bien el más corto de los meses para los aficionados a la Orquesta Sinfónica de Yucatán. Mozart, siempre esperado, con la certeza de un reloj, melódicamente inagotable, en compañía de dos de sus admiradores checos, iluminó el tercer concierto de la XXI temporada.

Anteanoche, en el teatro Peón Conteras, el conductor italiano Gabrielle Pezone subió al podio motivador como huésped en el naciente febrero e inició la velada con el fragmento sinfónico El Moldava, de Bedrich Smetana, uno de los patriarcas de la música bohemia.

Así como el Danubio -azul o grisáceo- es emblema de Viena, la de siempre, el Moldava riega las tierras checas y se asocia con Praga, tan bella y llena de curiosidades arquitectónicas, poéticas y gastronómicas. Don Bedrich, atrapado por el afecto al suelo nativo, expuso ante el mundo un poema llamado Mi Patria, del cual forma parte este homenaje a “su río”.

Dicen que, como era usual para los niños, Smetana recibió la promesa familiar de obtener una moneda de plata por cada “rusalka” que pudiera distinguir entre las aguas del Moldava. Aparentemente creyó ver algunas, pues las travesuras de estas ninfas míticas destacan como motivo conectivo -arpegios de arpa- en la pieza de homenaje fluvial. Toda la corriente y las comarcas que baña -incluso con sus fiestas y saraos- salen a relucir en secciones variables que nuestra orquesta abordó con prudencia. Cálidos aplausos del público, naturalmente.

Aquí entre nos, aunque sólo por un instante, extrañamos la diestra mano del maestro Lomónaco, pues este río checo amenazó brevemente con salirse de cauce y volverse un Conchos después de las lluvias de octubre y hasta con damnificados, pero, con gran fortuna, se recobró tiempo y compostura a completa satisfacción.

Los paralelismos nunca faltan. Así como Amadeus debía hilvanar divertimentos y pequeños conciertos para darle ocupación a los músicos de la corte del muy ocioso príncipe arzobispo de Salzburgo, de la misma manera nuestra orquesta necesita ejercitar a sus ejecutantes en papeles de solista, de modo que, en esta ocasión, el fagotista veracruzano Miguel Galván tuvo a su cargo el fresco y juvenil Concierto en Si Bemol K. 191.

Nuestra orquesta, reducida para la pieza a sus cuerdas y unos cuantos alientos, respondió con galanura a las marcas del señor Pezone.

Por su parte, Galván, feliz en su par de cadencias, dio muestras de pericia en las nada sencillas articulaciones de los tiempos vivaces, en especial el rondó, aparte de ofrecernos un tiempo lento amasado con la usual melancolía mozartiana.

La más celebrada de las sinfonías de don Antonin Dvorak cerró la velada con emotividad y claridad singulares. Los cuatro instantes de esta pieza, llamada “desde el Nuevo Mundo” fluyeron con su primorosa carga de temas bohemios, tratados con ritmicidad y desarrollos breves en los que, ocasionalmente, se adaptan remedos de cánticos negros y las piececillas de los pieles rojas escuchadas por el autor durante sus tres años en Estados Unidos.

Precisamente, al cronista le agrada ese tema del segundo movimiento (Largo), tan evocador de las grandes planicies del oeste norteamericano, cuya semejanza con ciertos cantos religiosos es notoria.

Además ¿Qué adepto al cine clásico no reconoce varios motivos del Allegro con fuego como elemento culminante en varias secuencias de aquella película llamada “Vestida para matar”?

Nuestra orquesta salió airosa en la actualización de esta pieza de Dvorak, pues el maestro visitante consiguió resaltar los diversos tonos y acentos que hacen inolvidables sus motivos.- Jorge H. Álvarez Rendón




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