Docenario Guadalupano

Devotos de la Virgen Morena se aproximan a la Basílica de Guadalupe en la víspera de la fiesta mariana

Vamos a terminar nuestro docenario de este año contemplando con fe a nuestra Madre llena de los dones y gracias que Dios le dio y Ella fue cultivando en su vida. Para nuestro bien nos vino a mostrar todo eso en el Tepeyac, según el relato original de sus apariciones, mensaje y testimonio que nos han dejado Dios y Ella como regalo para toda la humanidad.

Alabemos la Providencia Divina porque no tiene fin su amor y a Ella, porque tan maravillosa y solidariamente se ha quedado entre y para nosotros y llena de preciosos detalles hace casi 500 años.La siguiente enumeración sintética que les ofrezco es porque ya hemos hablado de otras virtudes y dones suyos en días pasados. Participemos con fe, entusiasmo y amor en nuestros festejos y gocémoslos como los gozaría la Sagrada Familia si fuera de peregrinación y fiesta al templo de Jerusalén.

Primera consideración: Madre que busca con finura a sus hij@s. Cuando Ella le sale al paso a Juan Diego en las distintas ocasiones que lo menciona el relato siempre es con bondad, con diálogo y ternura, con verdadera preocupación por el bien de Juan Diego, de su tío, del Obispo, del pueblo que sufre (N.M. 12.23.26. 33.59; 92-93; 105-107; 117-120; 137-138). Gracias por tu finura materna…Jaculatoria apropiada: Madre llena de finuras para con todos tus hijos, llénanos de tu ternura y acércanos a tu Hijo.

Segunda consideración: Madre que visita y consuela a quienes sufren. La visita cordial que hizo nuestra Madre a Santa Isabel es el modelo de toda visita que podemos hacer a quien está en apuros. Esta misma visita la ha hecho en México y en otros lugares del mundo para mostrarnos lo mucho que le interesamos. Imaginemos el consuelo que recibieron Isabel, Zacarías, parientes y vecinos con la visita de María y su estancia en ese pueblito. Consideremos el consuelo de Juan Diego y sus parientes al constatar la salud del tío Juan Bernardino al ser visitado por María. Gocemos con estos encuentros y aprendamos de Ella a realizar los servicios amables que el Padre nos pida en favor de sus hij@s… (Lc 1, 39-56; N.M. 194-208).

Tercera consideración: Madre que asume las tradiciones locales para revitalizarlas y darles un nuevo sentido. En los sucesos del Tepeyac quedamos fascinados con la manera pedagógica que usó la Virgen para con los indígenas y españoles de ese tiempo: si usaban ciertos rituales y cortesías, Ella fue la primera en asumir la forma y manera hasta en el arte, la manera de hablar, de acercarse a ell@s. Así lo vivió en su Nazaret querido junto con Jesús y San José. Aprendamos de Ella a ubicarnos ante otras culturas y formas de ser para que la Buena Noticia de Jesús llegue a tod@s con más facilidad.

Cuarta consideración: Madre que alienta, fortalece y lanza a sus hij@s a actuar en favor de la comunidad. María consuela pero no adormece, Ella lanza a la acción como lo vemos con Jesús en las bodas de Caná, como lo hace en el Tepeyac al mandar a Juan Diego y al Obispo que pusieran todo lo que estuviera de su parte para que el templo material y espiritual fuese construido. Ella, ahora, a nosotros nos dice y pide lo mismo, levantar a México. (Jn 2, 1-11 y N.M. 33.37; 59-61; 137-142).

Quinta consideración: Madre que congrega a todos sus hijos para llevarlos a su Hijo amado y a la Santísima Trinidad. La misión de María es hacernos familia y pueblo de Dios y ayudarnos a que cada un@ realice plenamente su misión en la Tierra de acuerdo con el ideal del Padre para que Él vea en cada un@ reflejos vivos de su Hijo amadísimo… Mayor vocación no podríamos tener y cada quien en su propio barro para el bien de todo el conjunto. Pidamos al Espíritu Santo y a Ella nos ayuden a vivir con toda plenitud esta vocación altísima (Ef 1, 3-14; Col 1, 24-29; Jn 13, 34-35. N.M. 24). Alabemos y demos gracias a Dios y a María por tanto bien recibido, como dice San Ignacio de Loyola.




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