Docenario Guadalupano

Joaquín Gallo Reynoso, sacerdote jesuita

Nos vamos adentrando más cada día en las capacidades, virtudes, cualidades que nuestra Madre supo vivir y que son motivo para que nosotros queramos parecernos a Ella como modelo que Dios nos ha dado en el seguimiento de Cristo. Contemplemos toda su belleza original y las pistas que nos da el relato de Antonio Valeriano como lo hemos estado haciendo.

Primera consideración: María siempre nos busca como a verdaderos hij@s. La misión que Dios le ha dado nuestra Madre la vive de una manera muy eficaz. Ya en el inicio del relato el autor nos dice que Ella “lo llamó” y él se quedó muy contento (N.M. 12-13). En el Evangelio de San Lucas aparece María buscando a Jesús cuando Él se quedó en el templo (2, 41-50). Pidamos hoy por tod@s los niñ@s que en el mundo están sufriendo cualquier tipo de secuestro, prisión. Jaculatoria apropiada: Santa María de Guadalupe, nuestra Madre espiritual; acógenos en tu regazo, Madre sin igual.

Segunda consideración: Nuestra Madre es la que siempre nos acoge con todo su amor. Las mamás saben acoger muy bien a sus hijos desde que saben que están esperando retoño. Ella nos acoge más que cientos de madres juntas. Así lo hizo con su Amado Jesús (Lc 1,6-7.19 y 40), así también lo hizo con Juan Diego en el Tepeyac (N.M. 15-16). Confiemos en Ella mucho más.

Tercera consideración: María siempre nos escucha, nos espera, nos acompaña. Es muy conmovedora la actitud de María cuando Juan Diego regresa de ver por primera vez al Obispo (47-59) y cuando le saca la vuelta a María para que no lo retrasara en su ida para buscar algún sacerdote para su tío (99-107); Ella le sale al encuentro. Al pie de la cruz Ella escucha y acompaña a su Hijo en los momentos más críticos. (Jn 19-25.27). Aprendamos de Ella estas virtudes.

Cuarta consideración: Nuestra Madre sabe respetarnos con paciencia y prudencia. El respeto a las personas es algo que debería distinguirnos pues Jesús nos ha enseñado a respetarnos al máximo; ha pedido que hasta perdonemos a nuestros enemigos. Ella respeta nuestra pequeñez, nuestra libertad y todo lo que nos condiciona, como lo hemos visto con Juan Diego. Así lo hizo Jesús con sus discípulos. Que ellos nos abran el camino para que vivamos este gran valor humano-cristiano.

Quinta consideración: La Madre de Dios y Madre nuestra confía en nosotros. Esta gran noticia debería entusiasmarnos y hacernos reaccionar como Juan Diego, que de improviso se puso a disposición de María, una vez que Ella le había dicho que su tío ya estaba bien. Gracias a eso el señor Obispo recibió las rosas y se produjo el milagro. El Señor Jesús confió en demasía en sus discípulos, a quienes hizo responsables de la marcha de la Iglesia, como en el caso de San Pablo (Hech 9, 10-22). Les damos las gracias a Jesús y a María porque confían en nosotros.

* * *




Volver arriba