Distracciones que resultan muy caras
Factores externos afectan la atención de los conductores
Detrás de cada siniestro vial existen sucesos externos e internos que han podido influir en la capacidad de atención del conductor accidentado como, por ejemplo, conducir fumando, exceso de confianza, situaciones emocionales o de estrés, conversaciones con el acompañante o por el celular, etcétera.
Son distracciones que en mayor o menor medida pueden condicionar una situación de riesgo no deseada mientras se conduce. Esto es debido a que muchas veces trasladamos las emociones personales, sin darnos cuenta, a nuestro quehacer tras el volante.
Por el poco espacio del auto o por el estrés que genera en ocasiones el mismo tránsito, una simple discusión puede provocar una distracción al volante. Lo cierto es que cualquier situación que reste atención a nuestra tarea de conducir se convierte en un factor de riesgo.
Siempre he considerado a los acompañantes o pasajeros de un vehículo como conductores pasivos por influir de alguna manera sobre la persona que conduce.En un par de décadas los autos tendrán piloto automático, como los aviones, para desligarse de la tensión al volante, sobre todo cuando el itinerario se hace monótono por esas rectas interminables de nuestra península. De esta manera hasta el mismo chofer podría dar alguna cabezadita durante el viaje, pero de momento, tenemos que conformarnos con hacer del viaje lo más agradable posible y si el trayecto es el habitual, no nos queda otra que soportar muchas veces los temidos congestionamientos y las imprudencias de algún conductor listillo que nos rebasa por el acotamiento del periférico o transita las glorietas en línea recta como si los demás usuarios no existieran, siempre, para ganar tiempo. Cuestiones que además de crear un conflicto durante nuestro desplazamiento pueden hacer que la conducción sea más agresiva e insegura.
Cualquier controversia entre acompañante y conductor puede convertirse en la antesala de un siniestro vial. Frases como: ¡Por ahí, no es!; ¿no crees que vas muy rápido?; ¡mira por dónde vas!; ¿puedes cambiar a esa &#$ música?, pueden ser el comienzo de una batalla campal dentro del vehículo y desencadenar una reacción desafortunada por parte del conductor o una desatención al volante con riesgo para él y para el resto de usuarios.
Entre los factores que más afectan están: una conversación intensa por el celular, un altercado con otro conductor o una conversación tensa con el acompañante.
También existe un “ranking” con los motivos de enfado, siendo los principales y por este orden, lo que más altera a los conductores: tener un vehículo por detrás muy pegado, las aglomeraciones por imperativos del tráfico, la prisa por llegar a un destino, los vehículos que intentan colarse en una fila o en una incorporación, los que circulan a una velocidad que se considera lenta y los que dificultan las incorporaciones o los cambios de carril.Por tanto, la mejor opción al volante es ir atento y adaptarse a las situaciones que genera el tráfico para no perder el control de uno mismo y por ende del vehículo.
De nada sirve exteriorizar nuestro estado emocional ante cualquier enfado o discusión. Además, como dice el dicho popular: “Para que haya pleito se necesitan dos”. Tú decides.- Raúl Góngora Marín, director del Autoclub Yucatán (987-70-36 y 9991-27-05-92 y en [email protected])