Desde México

 

También ardillas

Jorge Luis Hidalgo Castellanos

En general, las grandes ciudades en el mundo tienen más cemento que plantas. Muchos más edificios que jardines y mayor cantidad de centros comerciales que de parques. A veces porque los gobiernos o sus diseñadores urbanos no incluyen áreas verdes y muchas otras porque los habitantes no cuidamos las pocas zonas existentes.
Con los escasos parques viene poca fauna silvestre porque la doméstica suele abundar. Nada mejor que un parque para pasear al perro. Pero los animales que viven en las áreas verdes dentro de las ciudades son pocos, al menos en la ciudad de México. Corrección: en la mayor parte de la capital. La fauna se reduce a pájaros —sobre todo palomas y pichones—, insectos, mariposas y muchos roedores, en particular ratones y ratas. Quiere ver más animales, pues vaya al zoológico.
Lo anterior no es fácil de comprenderse en ciudades pequeñas donde sus habitantes todavía tienen la dicha de que la naturaleza —y la menor cantidad de edificaciones— permita que todavía esté presente una mayor variedad de fauna. Ver volar aves grandes y mariposas, diferentes insectos u observar caminar a pequeños mamíferos en donde uno vive es una bendición, sobre todo para los niños, pero en las megaciudades es solamente una leyenda urbana.
Por ello, cuando se va a uno de los pocos parques (proporcionalmente a su tamaño) que hay en la mayor ciudad de América Latina y se descubre que en sus árboles hay varios tipos de pequeñas aves trinando y además, ¡sorpresa!, ardillas trepando en los troncos y ramas de los pinos, fresnos y jacarandas, no siempre se da crédito. Hay niños y jóvenes en esta ciudad que sólo han visto una ardilla en revistas, libros o en el zoo.
La afirmación puede sonar simplista, pero demuestra una realidad en ciudades de gran tamaño y un ejemplo que no debe ser seguido por las capitales de los estados de la República, que todavía son manejables, tranquilas y cuentan con lugares en los que la naturaleza predomina. Los estándares a seguir en estas localidades deben ser los que las urbes desarrolladas y bien diseñadas tienen. Aquellas ciudades que exigen a los constructores y desarrolladores inmobiliarios no un mínimo de áreas verdes sino una proporción ideal a la construida para que exista armonía arquitectónica y urbana además de bienestar para la población. Estas medidas aportan bienestar tambien a la fauna “silvestre de la ciudad”.
En varios continentes tenemos ejemplos de ello, comenzando por el área geográfica en la que México se localiza, además de Europa, Asia, Oceanía y África. Los urbanistas conocen bien las mejores prácticas en la materia y son quienes puede influir en quienes toman las decisiones.
Hacer de las buenas prácticas y políticas en el urbanismo una costumbre coadyuva a que todos vivamos bien y puede contribuir a contrarrestar fenómenos globales como el calentamiento del planeta y el cambio climático, temas que atañen a la población de todo el mundo, la quehabita las grandes ciudades y la que está en pequeños pueblos o villas.
De ahí la importancia de poder ver ardillas en los parques de la ciudad de México, un lugar en el que hasta hace una década no ofrecía esa posibilidad en la mayoría de sus jardines y hace todavía un poco más los pajarillos llegaron a morir por la contaminación ambiental.
Junto a los niños que corren, patinan y gritan sin preocuparse, en una urbe mal comprendida también las ardillas juegan, recorren verticalmente los troncos y buscan bellotas en los árboles de los parques de la capital, sin que nadie las moleste. Al menos eso se ve en los de Polanco.




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