Longeva gracias a una vida tranquila

La señora Leila Correa Espinosa cumple un siglo

La señora Leila Thalía Correa Espinosa, quien anteayer festejó sus 100 años -que se cumplen pasado mañana miércoles-, con sus hijos Antonio, Carmelina del Socorro, Mariola Zulai y José Herrera Correa

“¿Dónde está la festejada?”, preguntan los invitados cuando llegan a la fiesta de los cien años de vida de doña Leila Thalía Correa Espinosa y una vez que la ven, sentadita en su silla comiendo una que otra botana, se acercan a ella para brindarle abrazos.

Doña Leila está feliz de ver a su familia reunida y dándole gracias a Dios por permitirle vivir tantos años, “porque son muy pocas las personas que llegan a esta edad”, dice ella misma.

Vestida con ropa de fiesta y ataviada con joyas que le dan más brillo a su rostro, doña Thalía es la estrella de la tarde -anteayer sábado celebró anticipadamente su cumpleaños-, “la quinceañera”, dice una de sus hijas. Es el tesoro más preciado de la familia, a quien todos cuidan.

“La verdad estoy muy satisfecha”, confiesa cuando se le pregunta cómo se siente. “Por la voluntad de Dios llegué a esta edad, porque no cualquier persona tiene la dicha de recorrer todos estos años y tranquila”.

Pero lo que más le agradece a Dios es no haber perdido la memoria, como “por lo general padecen las personas de mi edad”. Es por ello que cuando platica de su infancia o su juventud pareciera que las estuviera viviendo otra vez. Y entonces recuerda cuando estudiaba en el Colegio Teresiano de Mérida, que tuvo que cerrar pues el ejército echó a las religiosas. Sus padres la inscribieron entonces en la “María Urbina Castellanos” y cuando terminó su formación regresó a Cansahcab, donde había nacido el 9 de julio de 1914.

Cansahcab era en ese tiempo un pueblo de abundantes músicos y trovadores, uno de ellos Rubén Darío Herrera (su hermano político), quien formó el Cuadro Cultural “Aureliano Herrera”. Ella formó parte del grupo, con el que presentó varias obras de teatro y zarzuelas.

“A mí me gustaba todo eso, me gustaba cantar, bailar y la poesía. Fui una muchacha bailadora, y los días de fiesta de mi pueblo bailaba en la vaquería. Fueron los momentos más agradables de mi vida”, añade la dama.

Lamenta que hoy día se haya perdido. “Mi pueblo ahorita está tan pobre porque no ha tenido un presidente municipal activo que procure mejorarlo y corregir sus defectos… ahora los presidentes sólo entran con deseo de enriquecerse y dejan a Cansahcab en el abandono”.

Le gustaría que las autoridades hicieran florecer de nuevo la cultura. “Cansahcab fue un pueblo culto, ha tenido músicos de orquesta, trovadores. Ahorita está muerto, empantanado, ya no tiene movimiento”, advierte.

“Siempre llevé una vida tranquila. Nunca hasta hoy, creo yo, le he hecho mal a nadie, y todo eso Dios lo toma en cuenta”, considera.

“Siempre he vivido así y no ostento lo que no puedo tener. Eso de tener cosas, vehículos, que ir a tal parte o tal lugar, para nada; yo siempre llevé la vida que mis padres me pudieron dar sin que faltara nada. Ni lujos ni derroche, sin disgustos ni enfermedades y, sobre todo, sin envidia. Creo que por eso vivo”.- Jorge Iván Canul Ek

Centenaria | Perfil

Doña Leila Thalía Correa Espinosa hasta hoy cose y arregla cosas de la casa.

Gustos

Le gusta todo tipo de comida y tomar café con leche, una cervecita o un jaibolito cuando su salud se lo permite.

Familia

La forman cuatro hijos (Mariola Zulai, Antonio Alberto, Carmelina del Socorro y José Alberto), ocho nietos y dos bisnietas. Su esposo fue Antonio Alberto Herrera Martínez.




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