Las obras de Fabergé llegan a Viena

Fotografía facilitada por el Museo del Kremlin de Moscú del huevo "Memoria de Azov", que contiene un barco en miniatura en su interior, creado en San Petersburgo en 1891 por Fabergé.- (EFE)

Fotografía facilitada por el Museo del Kremlin de Moscú del huevo “Memoria de Azov”, que contiene un barco en miniatura en su interior, creado en San Petersburgo en 1891 por Fabergé.- (EFE)

VIENA, Austria.  (EFE).- Una obra de arte inacabada por el estallido de la Revolución de Octubre en Rusia, el último huevo que salió de las manos del orfebre Fabergé, es una de las piezas expuestas en una exposición que fue presentada hoy en Viena y que muestra el lujo y el esplendor de la corte de los zares.

“El mundo de Fabergé” es el nombre de la exhibición que el Museo de Bellas Artes de la capital austríaca ha organizado en honor al gran joyero ruso de principios del siglo XX, Gustav Carl Fabergé, que trabajó para los últimos zares de la dinastía Romanov, Alejandro III y Nicolás II.

La muestra reúne 160 piezas de arte decorativo traídas de los museos rusos de Mineralogía Fersman y del Museo del Kremlin.

Los protagonistas son los cuatro huevos mecanizados que pertenecieron a los dos últimos monarcas.
Estos huevos, creados con materiales como el jade, el oro, la plata o el ágata, suelen contener dentro pequeños objetos o delicadas joyas fabricadas con esmeraldas o rubíes, entre otras piedras preciosas.
Entre los cuatro ejemplares que se exponen en esta muestra, destaca por su simbolismo el llamado “Constelación”, una obra iniciada en 1917 y en la que el orfebre estaba trabajando cuando estalló la Revolución de Octubre.

En la muestra, abierta hasta el 18 de mayo, se pueden ver también los huevos “Memoria de Azov”, que contiene un barco en miniatura; el que homenajea al Transiberiano, que contiene un tren de oro; y el portentoso Huevo del Kremlin.

Aunque estas piezas son su trabajo más conocido, el comisario de la exposición, Paulus Ranier, destacó que el museo pretende mostrar que las creaciones de Fabergé no se limitaron a los típicos huevos de pascua.
Bandejas de oro y platino, figuritas talladas en ágata y en nefrita de los montes Urales, piezas de joyería y de arte religioso, además de cuatro de los emblemáticos huevos, son otras de las joyas traídas desde Rusia.
Para inspirarse, Fabergé recurría a movimientos artísticos pasados como el Renacimiento, el Barroco y el Rococó, aunque también produjo algunos objetos decorativos y de joyería de estilos más contemporáneos como el “art nouveau”.

Muchos de los objetos expuestos fueron regalos que el pueblo ruso hizo a sus monarcas, y simbolizan el declive de una época imperial que tocó a su fin tras la revolución bolchevique de 1917.

A través de “El mundo de Fabergé”, el visitante tiene la oportunidad de viajar en el tiempo y acceder a los caprichos de los emperadores y las emperatrices de la dinastía rusa, quienes, a menudo, encargaban objetos cotidianos que se usaban en el día a día, como abrecartas o abanicos, al maestro joyero de origen francés.

Gustav Carl Fabergé heredó una modesta joyería de su padre ubicada en San Petersburgo. Tras haber estudiado y viajado por toda Europa, consiguió relanzar la compañía de objetos decorativos, llegando a emplear hasta a 500 empleados entre joyeros, talladores y orfebres en San Petersburgo, Moscú, Odesa, Kiev y Londres.

En 1885 Fabergé creó el primer huevo para la emperatriz de origen danés Maria Feodorvna, inspirándose en un huevo de pascua del siglo XVIII de la colección de la familia real danesa.

En 1917, un comité de trabajadores de la manufactura de San Petersburgo tomó el control de la compañía, que siguió funcionando solo durante unos meses. Fabergé huyó junto a su familia a Alemania y Suiza, donde falleció en 1920.- (Por José Vicente Bernabeu)

Etiquetas:,