La sensualidad de las maderas

Felipe Juárez, una pasión de 15 años por la escultura

Felipe Juarez posa con su escultura en madera  "Inocencia"

El Macay en la cultura

A inicios del año en curso, Felipe Juárez Silva (Tixkokob) volvió a ser parte de las exposiciones temporales del Museo Fernando García Ponce-Macay, en esta ocasión para presentar la tercera serie de “Maderas sensuales”.

Veintisiete esculturas realizadas en madera de la región se abrieron paso en el Pasaje Revolución, a la vista de todo curioso, transeúnte y visitante del museo.

Para el artista, llegar a este foro escultórico ha representado un logro de gran valor e importancia para su carrera. Siempre ha sido modesto al reconocer que no cuenta con estudios ni preparación académica respecto al arte; pero con más de quince años dedicados de manera formal a la talla y escultura de madera es innegable el gran don que posee y la pasión y dedicación que transmite a través de su obra. Felipe Juárez es un eterno promotor del arte, de sus raíces, de su cultura. Es cronista de su ciudad, profesor jubilado y coleccionista que valora y atesora las historias de los objetos que forman parte de su cotidiano y que de alguna forma se convertirán en registro de lo que su entorno vive día con día.

En la escultura su mayor interés está en la figura humana, a través de la madera de forma natural encuentra el vínculo entre materia y forma. Su técnica la ha desarrollado de manera empírica, trabajando desde el inicio con maderas duras y creando sus propias herramientas de corte y tallado. Trabaja sin bocetos previos, toda vez que llega a sus manos una pieza de madera es su forma natural la que lo guía y permite imaginar lo que poco a poco transformará en una obra de arte.

La mayor parte de sus esculturas provienen de una sola pieza de madera, sin importar tamaño o formato. La madera del árbol del ciricote es una de sus favoritas, por su color y textura. Todos los troncos con los que trabaja son donados o rescatados de materiales de desecho.

Datos curiosos

Detalles curiosos rodean la trayectoria de Felipe Juárez en la escultura; con tan sólo recordar la forma en que se inició en el oficio (en 1988, con un tronco que tiró el huracán “Gilberto”) corroboramos la presencia enfática de la naturaleza en su obra, ya sea por factores externos, como las inclemencias climáticas, o internos, como el gusto y la búsqueda de una estética propia. A lo largo de los años, Juárez Silva se ha abierto camino gracias a su trabajo, el cual ha logrado exponer en recintos que él mismo ha gestionado, tanto en Yucatán como en Campeche.

Para el artista la búsqueda continúa, le interesa experimentar con otros materiales, como la piedra, y lamenta no conocer las técnicas que se aprenden en la escuela de arte para dar más vida a su escultura, pensando en la expresividad de los rostros. Sin embargo, aún sin esa técnica académica los rostros de sus esculturas transmiten muchas emociones y su trabajo, tan lleno de detalles y raíces culturales, nos lleva a imaginar lo que hay detrás de ese mundo maya dónde habitan aluxes.- Aída Barrera Pino




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