“La pintura es mi vida”

Celebra Ermilo Torre Gamboa90 años de vida

El maestro Torre Gamboa

“El arte, la pintura dan vida”. Así lo siente y cree Ermilo Torre Gamboa, quien ayer cumplió 90 años de edad.

Don Ermilo no se cansa de pintar; por el contrario, asegura que pasa por una etapa artística maravillosa en la que está creando con un estilo que nunca antes había tenido. “Si no fuera por la pintura, creo que ya me hubiera muerto”, dice el artista de la plástica, quien el domingo recibió como sorpresa una fiesta de cumpleaños, en la que estuvo acompañado de familiares y amigos pintores.

Cuenta al Diario que desde pequeño sintió ese gusto por el arte, pues tenía unos siete años cuando regresaba de la escuela y lo primero que hacía era aventar la mochila y tirarse en el piso con su caja de colores y hojas para dibujar. Recuerda que pasaba horas dibujando.

En la primaria comenzaron a darle clases de pintura Gregorio G. Cantón, quien había estudiado en Alemania, y Anita Gutiérrez de Cano, quien, dice, era una muy buena maestra y tenía muchos alumnos.

En el colegio recibió las primeras lecciones de pintura y a los 20 años decidió irse a Puebla a continuar sus estudios en la materia.

No tardó mucho en esa ciudad, pues se dio cuenta que era igual que en Yucatán: no se podía avanzar más. Entonces viajó a la ciudad de México e ingresó a la mejor escuela de ese entonces, la Academia de San Carlos, donde estudió durante dos años. Luego se fundó “La Esmeralda” e hizo un tiempo ahí.

Tendría unos 25 años cuando decidió irse a estudiar a Europa, pero su papá no quería que fuera porque decía estaba muy lejos y él era muy joven; “qué tal si te pierdes y no te volvemos a ver”, cuenta que le dijo su padre.

Dos padrinos suyos convencieron a su papá de que le permitiera hacer el viaje.

Su primera escala fue Madrid, donde ingresó en la Academia de San Fernando; luego partió a París, Florencia y Roma, para finalmente retornar a Madrid.

Sus maestros, al ver que ya tenía un buen nivel, le permitieron hacer copias de las pinturas de los grandes maestros: Goya, Rembrandt y Velázquez… Con estas piezas en su equipaje retornó a Mérida y las vendió enseguida.

Dice que todavía permanecen en manos de las familias que se las compraron, y probablemente alguna de estas reproducciones sean parte de una exposición retrospectiva que efectuará próximamente, en la que incluirá unos 50 cuadros hechos por él, algunos nunca antes vistos.

Comparte que cada tres o cuatro años viajaba a España, donde dejó muchos amigos, y aprovechaba para retroalimentarse en el arte.Asegura que su pintura actual dista mucho de lo que hacía en su juventud, cuando era muy clásica.

El retrato

En su trayectoria de más de 50 años, el retrato ha sido muy importante en la obra de Torre Gamboa, pues ha pintado a numerosas personas de la sociedad y lo sigue haciendo; igualmente trabaja con escenas cotidianas.

Sin embargo, su estilo se ha transformado y, así como admiraba a Rembrandt, hoy admira a Santiago Carbonel y a los hermanos Pedro y Rafael Coronel, y se ha dejado llevar por la intuición y la experiencia para crear un estilo personalísimo que pronto se podrá ver en galerías meridanas.

Señala que quisiera vivir al menos cuatro o cinco años más porque tiene mucho en mente, cosas nuevas que quiere hacer en la pintura.

Don Ermilo seguirá pintando de manera indefinida, pues es mucho lo que tiene por delante para hacer y aprender, y con humildad recuerda que siempre ha dicho que es un aprendiz de pintor.Su vida transcurre por y para la pintura, al igual que lo ha hecho en las últimas décadas. Todos los días comienza su actividad a las 7 de la mañana, descansa una hora al mediodía, después de lo cual prosigue trabajando hasta las ocho de la noche. “La pintura es mi vida”, enfatiza. “Por fortuna, a mis 90 años todavía veo perfectamente y mi intelecto está bien”.

El pintor agradece el apoyo de su esposa, Teresa Sierra Gutiérrez, quien ha sido respaldo importante para poder desempeñar su trabajo.

Jorge Espinosa Torre, nieto del pintor, quien le heredó el gusto por la plástica, le acompaña en este trayecto artístico e informa que será en abril cuando su abuelo presente una exposición retrospectiva en el Macay, “Sueños de 90 años”, en la que se incluirán piezas nunca antes vistas, como dibujos realizados en la adolescencia y collages nunca antes exhibidos que el artista realiza como parte de su proceso creativo. Jorge, quien convive diariamente con su abuelo en el estudio de pintura, reconoce en el trabajo del nonagenario una transformación importante y considera que se ha liberado de la influencia europea, del estricto academicismo, y en los últimos 10 años ha desarrollado un estilo muy personal.Destaca que en las pinturas de su abuelo el color fluye, hay una explosión cromática, una poética muy particular, y en general un manejo emocional y cromático.- Iris Ceballos Alvarado




Volver arriba