J.J. Benítez, ¿un escritor gnóstico?

 

Enrique Trava*

Era pasada la medianoche de aquel sábado 8 de marzo, cuando la interminable fila en torno al enorme salón “Progreso” del centro de convenciones “Siglo XXI” llegaba a su fin. 

J.J. Benítez, el mundialmente conocido escritor navarro, quien sacara a la luz la entrañable saga “Caballo de Troya”, había escuchado con la bíblica paciencia de Job los auténticos brotes de emoción que uno a uno le fuimos vertiendo a lo largo del intenso peregrinar de aquella noche inolvidable en aquel laberinto de sillas y de sueños. 

J.J. lucía cansado por el esfuerzo de la jornada y aún así no hubo persona alguna, me consta, que no recibiera su total empatía y cordialidad.

Habiendo escuchado con atención su entrañable charla previa, poco a poco fuimos imbuidos con la energía que paulatinamente logró irradiar el autor español entre quienes abarrotamos el enorme salón, con aquella mística que flota omnipresente durante el desarrollo de la aventura más conmovedora y trascendental que mente alguna humana hubiera podido concebir.

Benítez lo reconoció así.  En un alarde de honestidad el elegido escritor, quien habiendo estado inmerso en el interesante y profundo estudio del santo sudario de Turín, había sido merecedor de recibir entre las manos para su difusión, unos diarios de incalculable valor.

Su alocución había sido en tono pausado, casi poético, y por momentos alcanzó connotaciones a las que solo podría referirme como musicales y de un carácter entrañablemente patriarcal.

Y aquella noche, sí amigo lector, fui el último de la fila, hasta que dos o tres valientes se aventuraron después de mí. Logré finalmente intercambiar algunas palabras con J.J. y obsequiarle un ejemplar de mi libro recientemente publicado y que fuera también presentado en la misma Filey, “El vuelo del Ángelo”. Me atreví también a solicitarle una cita, que de darse, se llevaría al cabo durante un próximo viaje a España en el que me embarco con el propósito de complementar y enriquecer la novela que actualmente escribo.

Y al terminar el episodio anteriormente descrito, y quizá motivado por el escritor en cuestión, salí del “siglo XXI” reflexionando acerca del gnosticismo y del agnosticismo.

Algo he leído acerca de este asunto estimado lector y si me permites, me propongo sugerirte que un gnóstico es todo aquel que “sabe” por sí mismo. Es aquel que entiende los misterios a través de su fe, y de su intuición. O si se quiere, a través de sus órganos interiores. Su ronco pecho pues.

Un agnóstico por el contrario, es aquel que requiere del método científico de comprobación o de ensayo y error para aceptar evidencias que en muchas ocasiones habían sido aceptadas desde el principio por algún gnóstico vidente. Es el que requiere de pruebas.

Ambos son de mi absoluto respeto, puesto que finalmente ambos estamos en la búsqueda genuina y leal de respuestas a nuestras interrogantes más íntimas.

La propuesta de Benítez es muy simple lector. No nos extraviemos en asuntos de menor cuantía que pudieran impedirnos el acceso a mundos de inconmensurable belleza. “Caballo de Troya” es una de las obras que más cercano me ha hecho sentir de lo Divino, quizá porque enlaza nuestro Yucatán, terruño entrañable, con la palestina de Jesucristo. Y claro, con Él. 

Mis textos y mis telas siempre han hablado elocuentes acerca de los mundos superiores. Pero una vez más lector, ¿como podría yo demostrarte la existencia de los mismos?, o ¿como podría explicarte amigo mío a que sabe la avellana? Necesitamos un poco de gnosticismo.

 

Pintor y escritor *)




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