Intensidad regiomontana

La versatilidad de Abdiel Vázquez se siente en el Peón

El regiomontano Abdiel Vázquez al recibir la ovación del público anteanoche, durante el noveno  concierto de la XXI temporada de la OSY

Para solventar el noveno programa de su XXI temporada, ya en terrenos de abril, la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) seleccionó obras de un gran romántico, un ruso de la modernidad y el compositor favorito del público meridano. Ubicado en el centro del programa, un pianista provisto de clara intensidad: Abdiel Vázquez.

Como dato primordial, con esta velada inauguró la OSY una moderna concha acústica de 16 paneles que dotó al conjunto de una mayor resonancia y grata claridad en sus aproximaciones al público.

Schumann, Sergio Rachmaninoff y Tchaikowski fueron interpretados desde las atinadas intuiciones del director titular, maestro Juan Carlos Lomónaco, quien, con su tenaz y deliberado espíritu de trabajo, abrió la velada atenido a la brújula en dirección a la Marcha eslava de la “tía Piotr”.

A la larga resultó muy inconveniente para Rusia la guerra que emprendió en 1876 contra Turquía en apoyo solidario de Serbia, pero, en su momento, desencadenó un aliento de patriotismo que abrazó al propio Thchaikowski, quien, con redoblado entusiasmo, compuso una marcha en memoria de los soldados inmolados.

Desde su estreno esta brillante pieza basada en contrastes -fanfarrias y ritmos fúnebres- encantó a los oyentes por su acertada combinación de canciones serbias con el himno imperial ruso, técnica similar a la utilizada en la Obertura 1812. Nuestra orquesta estructuró una sólida, animada versión que le procuró los primeros aplausos de la noche.

Ganador de varios concursos pianísticos, entre ellos el José Jacinto Cuevas, el joven Vázquez vino a Mérida para ejecutar el Concierto en Sol Menor de don Sergio, zurcido y remendado muchas veces, el último y menos amado de los cuatro escritos para el instrumento que dominaba como el virtuoso que fue desde muy joven.

Nuestra orquesta se asoció al empeño de Abdiel y, como resultado, tuvimos una lectura intensa, colorida, de las que quedan atrapadas en la memoria. El joven pianista se acercó a la pieza con excelente técnica, atento a los clímax armónicos y formales, de ahí su correcto énfasis en la tibia melancolía del Largo, así como la manera en que aplicó los jubilosos besos rítmicos del Allegro final. El público lo premió con prolongados aplausos.

Para ser sinceros, nos hubiese gustado que Vázquez sorprendiera nuestra curiosidad de provincianos con otro concierto de don Sergio, el apasionado segundo o el monumental tercero, y no con éste tan lleno de dudas, contradicciones, reducido en inventiva, redactado con raras inclusiones y todavía más raras exclusiones de lo que nuestros oídos tienen clasificado como emblemático de Rachmaninof. Otra vez será.

Justo al salir de una de sus malignas depresiones, péndulos que anunciaban la locura final, Roberto Schumann logró la más hermosa de sus cuatro sinfonías, la que ahora llamamos segunda, op 61. Como el mismo compositor sugirió, la pieza es un homenaje a la fuerza del espíritu humano por no dejarse doblegar por el infortunio. Y punto.

Cuatro movimientos de intensa profundización, con destellos de admiración por Bach, Mozart y Beethoven, se suceden con admirable sensación de fortaleza y seguridad, empleando algunas veces el contrapunto, logrando siempre una atmósfera de contenido dinamismo.

Si en un momento un motivo temático obstinado rinde honores al barroco, un fragmento en tiempo de marcha, evocador de La flauta mágica ha sido interpretado como una declaración de triunfo sobre la desgracia. En vez de “Sarastro vive, Sarastro es” la idea recaería en una especie de “Schumman está entre nosotros, exista aún”.

En el último movimiento, al utilizar la canción final de la colección beethoveniana “La amada lejana”, don Roberto abre un caudal de lirismo ofreciendo “sus flores” a la mayor gloria de su esposa, esa Clara que lo acompañó en todo momento. Un ramillete de temas utilizados en los movimientos precedentes retornan y se entrelazan con singular ternura. La versión de nuestra orquesta fue satisfactoria, muy vigorosa.- Jorge H. Álvarez Rendón

Pianista | Concursos

A pesar de su juventud, Abdiel Vázquez es uno de los mejores pianistas del país.

Ganador

Abdiel ha ganado dos de los concursos nacionales más importantes del país: el V Concurso Nacional de Piano Angélica Morales – Yamaha 2006 y II Concurso Nacional de Piano José Jacinto Cuevas 2010, éste último celebrado en el mes de noviembre en el teatro José Peón Contreras.




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