El “karma” es acción y reacción

 

Enrique Trava (*)

Este interesante concepto que proviene de diferentes religiones del medio oriente hace alusión a una energía trascendente que se deriva de los actos de las personas. Por ejemplo, es muy común escuchar cuando una persona está engañando y privando a los demás de lo que genuinamente les pertenece o simple y sencillamente les está haciendo algún tipo de daño, que todo aquello se está acumulando en su karma. En otras palabras, se afirma que las causas que está sembrando al actuar de esa manera le producirán en el futuro efectos o deudas de carácter cósmico que en algún momento el sujeto en cuestión tendrá que solventar.

Hoy me gustaría platicar acerca del karma de los actores de los diferentes sectores de la sociedad. Desde mi particular punto de vista, las generalizaciones son necesariamente fallidas, por lo que en las siguientes afirmaciones señalaremos repetidamente que se está hablando en términos generales entendiéndose por ésto que existen múltiples excepciones en cada una de las afirmaciones. Además es justo reconocer que en todos estos sectores de los que hablaremos, al igual que en el manicomio, “ni están todos los que son ni son todos los que están”.

Tomemos como ejemplo el sector de la clase médica. En términos generales tenemos que reconocer que es una clase entrañable para las sociedades dado el alivio enorme que nos proporcionan cuando está dentro de sus posibilidades, y las condiciones del paciente no rebasan los recursos con los que se cuenta. Yo conozco profesionales de la medicina que día con día, hora con hora, están aliviando eficazmente el dolor humano tan omnipresente y desquitando con creces cada uno de los pesos que legítimamente se llevan al bolsillo. Excepciones hay.

Hablemos ahora de la clase artística e intelectual. Si dejamos de lado el “snobismo”, la falta de honestidad en las creaciones y la falsedad en los contenidos, o simplemente la ausencia de los mismos,  entonces sería justo y menester reconocer lo inmensamente benéfico que resulta de las experiencias y los ratos de expansión mental y espiritual que se provocan a través de su labor. Basta con contemplar los rostros de la gente común que acude a las salas de exposiciones pictóricas, a los espectáculos musicales, las obras de teatro, las presentaciones de libros, los conciertos de música clásica y de otros géneros, conferencias, etc.

Podríamos hablar indefinidamente de los sectores gastronómico, ingenieril, agropecuario, de servicios, etc, etc, etc, y siempre encontraremos que, en gran medida, los actores de los mismos cumplen.

Sea como sea, más allá de las leyes de los hombres, están las leyes naturales que si son inexorables y no dependen para su aplicación de ninguna intervención humana. El hinduismo postula el concepto de que el karma es una ley natural de acción y reacción, por lo que a cada acción cometida le corresponde una reacción igual y opuesta. 

En todo caso, aquí desde mi periscopio, sugiero a las “excepciones” que existen en cuanto a cumplimiento se refiere, que tomen muy en serio el término “karma” y que mediten bien las acciones que llevan al cabo, las palabras que emiten y los pensamientos que tienen, ya que como el “boomerang”, cuando éstos concluyan su trayectoria, tanto si fueron exitosos o no, retornarán a las células más íntimas de su ser para actuar como jueces de su destino en el momento de su transformación final hacia los mundos del espíritu. Buen día a todos.     




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