Daniela Liebman, la niña prodigio que quiere ser la mejor pianista del mundo

Daniela Liebman, la niña prodigio que quiere ser la mejor pianista del mundo

MÉXICO (EFE).- Con solo 11 años, la mexicana Daniela Liebman, considerada un prodigio musical, tiene clara una cosa- quiere ser una de las mejores pianistas del mundo y por ello practica muchas horas con su instrumento.

A su corta edad ya tiene una larga lista de triunfos- ha tocado en países como Rusia, Alemania y Kirguistán; en septiembre de 2013 recibió una ovación en pie en el Carnegie Hall, de Nueva York, y este mes debutó en el Palacio de Bellas Artes, el foro más importante de música culta en México.

“Nunca me imaginé tocando ahí, fue un sueño hecho realidad. Es una experiencia increíble tocar en mi país, en una sala tan bonita, tan llena de gente”, dijo Liebman a Efe sobre el concierto en el que estuvo acompañada por la Orquesta de Cámara de Bellas Artes.

Daniela, originaria del estado de Jalisco (oeste), ha estado ligada al arte desde muy pequeña- su padre, Robert Liebman, es violinista, mientras que su madre y su abuela materna se han dedicado a la pintura.

Comenzó a tocar el violín a los tres años y el piano a los cinco, y finalmente se decidió por este instrumento.

Durante dos años, Liebman tomó lecciones con su padre y con una maestra en su ciudad natal, Guadalajara, pero, al ver las aptitudes que poseía, le recomendaron que fuera a estudiar con el maestro Anatoly Zatin, director del Instituto Universitario de Bellas Artes de Colima.

Zatin, compositor y director de orquesta de origen ucraniano pero con nacionalidad mexicana, contó a Efe que conoció a Daniela cuando ella tenía siete años.

Sus padres la llevaron a que la oyera tocar y desde entonces comenzó a darle clases, recordó.

“Tiene facultades muy notables, pero el secreto es el trabajo, mucho estudio, muchas horas diarias de clase con el maestro y con apoyo de la familia”, comentó el músico.

Por su parte, la madre de Daniela, Anna Liebman, comentó que, en cuanto Zatin vio tocar a su nueva alumna, les sugirió inscribirla a un concurso de piano.

“Descubrimos que, en el momento en que entraba la gente, Daniela tocaba mejor. Así fue creciendo, devorando las piezas y estudiando muchísimo”, dijo a Efe.

Daniela tiene cuatro horas de lecciones de piano los lunes y los martes en Guadalajara, después viaja al colindante estado de Colima, donde toma clases con Zatin de miércoles a sábado.

La joven pianista señaló que ya se acostumbró al trayecto. Además, dijo, su maestro “da tan buenas clases que vale la pena moverse así”.

Daniela empezó tocando en el teatro El Degollado, de Guadalajara. Con Zatin como director, se presentó en el Primer Festival de Artes de Bishkek, en Kirguistán, y tocó con la Orquesta Rajmaninov en Moscú.

En 2012 se presentó en Berlín junto con el músico chino Lang Lang, considerado el mejor pianista del mundo, y en septiembre de 2013 se convirtió en la mexicana más joven en tocar en el Carnegie Hall de Nueva York.

“Su éxito es estupendo, absoluto, fenomenal, un gran reconocimiento para Daniela, pero nuestro trabajo es que pueda ser competitiva a nivel internacional”, apuntó su maestro, convencido de que la pequeña “tiene un futuro grande”.

Cuando se le pregunta a Daniela si se imagina haciendo otra cosa que no sea tocar el piano, ella lo niega rotundamente- “No, yo quisiera tener una carrera como pianista profesional durante el resto de mi vida. Quisiera ser una de las mejores pianistas del mundo”.

Su música favorita es la clásica, especialmente Chopin, Franz Liszt, Mozart y Beethoven, aunque también disfruta del pop, el jazz, el “blues”, con The Beatles y Queen.

Entre otras cosas, Daniela juega ajedrez desde los tres años y le gusta leer clásicos de la literatura como “Las aventuras de Huckleberry Finn”, del estadounidense Mark Twain, y libros de terror como los del inglés Neil Gaiman.

Pero Daniela no sólo se dedica al piano. “Tiene amigas de su edad y también disfruta estando con ellas, baila y juega con ellas; también tiene amigos de la universidad que la quieren mucho. Está muy acostumbrada a adaptarse y disfruta con quien esté”, comentó su madre.

“Tengo la responsabilidad de practicar todos los días cuatro horas. No he pasado más de tres días sin practicar desde hace como cinco años, (…) pero vale la pena. Además me encanta tocar el piano, así que no lo tomo como una obligación”, remató la pianista.- José Pablo Salas




Volver arriba