Cobra vida una hacienda

Dzibikak recibe el Mérida Music Festival 2014

1 / 5


Debajo de estas líneas, la irrupción de la batucada "Do Fogo", que intervino entre grupo y grupo para animar, aún más, el ambiente. A la izquierda, una menores disfrunta el show
Sobre estas líneas, la actuación de los "Golden Years" y a la izquierda una pareja baila durante el Music Festival
"Los Lásgori" en la apertura del Mérida Music Festival 2014, ayer, en la hacienda Dzibikak, de Umán


La Hacienda Dzibikak cobra vida cada año con el Mérida Music Festival. Bajo la frondosa sombra de los árboles, los niños se divierten en los juegos inflables mientras los papás bailan al ritmo de “La plaga” y “No seas cruel”. Las caderas y piernas se retuercen con la letra de “I feel so good” que cantan los “Golden Years”. Este año al grupo de rock que peina canas no le tocó en turno cerrar la fiesta como en 2013, cuando un lluvioso noviembre parecía arruinar la fiesta.

El intenso calor invitaba a un coco frío, una cerveza bien helada o mínimo un frapé. Si de variedad se trata hay para satisfacer los gustos y paladares de todos: extranjeros avecindados en Yucatán, y yucatecos que gozan de esta fiesta como si fuera el bautizo del ahijado o los quince años de la sobrina.

Con apenas cuatro ediciones, el Mérida Music Festival comienza a ser esperado, comenta Richard Nichols, propietario de la hacienda. “Cada año vamos aprendiendo y mejorando, el año pasado nos dimos cuenta que el festival coincidía con El Buen Fin y además llovió. Este año preferimos hacerlo en marzo, esperamos que terminara el Carnaval y parece que dio buen resultado, vemos más gente, esperamos al menos unas quinientas personas”.

El año próximo, adelanta, esperan invitar a grupos extranjeros, no sólo locales, que dicho sea de paso los seleccionados se distinguen por su conocida calidad.

Jurgen Eggers, propietario de “La Bierhaus”, uno de los organizadores del festival, destaca que el evento es cien por ciento familiar y que ojalá haya una quinta edición. “Ahora hay más variedad de comida” (el año pasado no había sushi ni postres).

Esta cuarta edición participan seis grupos locales. Los de apertura fueron “Los Lásgori”, un grupo de jóvenes que rápidamente se coloca en el gusto del público con temas propios como “Reyes de otros tiempos” y “Los pájaros”. Además están “Flus Boox”, los “Golden Years”, “Copy Paste” y Eduardo Rodríguez.

Entre un grupo y otro una batucada (Do Fogo) revienta en medio de la hacienda y sacude los huesos con esa alegría carnavalesca que tanto entusiasma a todos.

Toca el turno de “Flux Boox”. El líder, Mauricio Zoreda, bien conocido de punta a punta en la Península, hace inevitable (e imperdonable) no contonearse en la pista de baile, donde todos disfrutan la calidad de los blues.

No es una “tocada” común y corriente, sino una fiesta donde se combinan estilos musicales y gastronómicos, una especie de “gran parrillada”: Hay desde salchichas alemanas y “fish and chips” hasta sushi y hamburguesas con su guarnición de papas a la francesa. Este año también hay postres para escoger. El Café des Bruxelles despacha unos waffles cubiertos de fresas naturales, jarabe de chocolate y crema batida mientras el éxito de la Bierhaus son los hot dogs y un cerdo crujiente parecido al lechón al horno. También hay taquitos de poc chuc y botanas tipo “cantina”, frappés a base de café, ideales para el calor, y variedad de marcas de cerveza, nacionales e importadas, estándar y light, refrescos y una barra de cocteles. Bajo los toldos el aire hierve a unos cuarenta grados, pero conforme avanza la tarde (el festival da inicio a las dos y concluye a las ocho de la noche o hasta que el cuerpo aguante) el viento comienza a refrescar y el clima, hace más dichosa la convivencia.Así, cuando comienza a ocultarse el sol y a encenderse las luces del escenario, Eduardo Rodríguez y su Tributo a Santana son recibidos con apacible placidez en estómagos llenos y amistades nuevas, porque entre licores y buena música aquí ya se rompió el hielo.Santana se presta al romance y comienza a flotar el humo que parece salir de guitarras y percusiones, verde, azul, morado, alucine de alemanes, belgas, norteamericanos y yucatecos que gozan la pasión de esa guitarra ya legendaria del gran Carlos.Ya es la hora del vinito, de los chamacos que juegan pesca pesca de un lado al otro y de los postres de chocolate. Uno que otro zancudo sucumbe ante atomizadores con olor a lima. Todos han cargado con sombrero, abanico de mano y repelente.”Samba pa’ ti” invade la pista. Ya son las siete de la noche y la fiesta no parece decaer, los mismos rostros permanecen bajo los reflectores. “Magia negra” cunde bajo el hechizo natural del entorno maya y colonial y hasta parece que un hechizo ha sido lanzado por algún x’men guapachoso.El festival no nada más es para la diversión comunitaria ni para que los socios, propietarios de Hennesy’s, la Bierhaus y la hacienda la pasen bien con sus amistades y clientes habituales, también beneficia cada año a alguna institución que lo necesite. Este año esperan donar al menos 20 mil pesos a Save the children. A la salud de los niños se empinan los codos. Todo sea por una buena causa y el insoportable calor. Patricia Garma




Volver arriba