Belleza y talento en la OSY

El Peón se rinde ante el violín de Shari Mason

La violinista Shari Mason cautivó al público en el concierto núm. 8 de la Orquesta Sinfónica de Yucatán anteanoche  en el Peón Contreras

Un supremo compositor clásico, un patriarca del romanticismo y un nacionalista escandinavo llenaron con el arrebato de su obra el octavo concierto de la XXI temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) que tuvo lugar anteanoche, en el teatro Peón Contreras.

Con el director titular al frente, maestro Juan Carlos Lomónaco, el recital extendió los brazos con la obertura para la opera Cosi fan tutti, de Wolfgang Mozart.

Aquello fue el renacer de esa llama de orden y equilibrio que acalla cualquiera de las torpezas de este mundo.

Frivolidad y calidez mediterráneas, coqueteo napolitano, campean en el andar de los compases.

¿Podrán Guillermo y Fernando engañar a sus novias? ¿Descubrirá a tiempo Dorabella todo el infundio?

Jocoso es el ritmo y felizmente alegre el cuerpo de esta obertura, celestial resumen de una trama de enredos, del eterno batallar entre lo masculino y lo femenino, que nuestra orquesta abordó con tino y eficacia.

“Aglomeración espesa y deshilvanada de ideas. Alboroto continuo”. Tal fue la opinión generalizada de la crítica cuando se estrenó en Viena (1806) el Concierto para violín en Re Mayor Op 61 de Ludwing Van Beethoven, entonces en una de sus etapas más creativas y -por vez primera- sinceramente enamorado.

El concierto, que estaría destinado a ser uno de los más gloriosos ejemplares de su género, fue el inaugurador de una perspectiva apasionada en la relación entre instrumento solista y masa orquestal, provisto de una humanista felicidad ante la existencia y vocero de una nueva tendencia a la que se llamó “romántica”.

Entrega al misterio

Ya conocida y apreciada por el público meridano, la violinista Shari Mason enfrentó el compromiso de ejecutar este Concierto en la solvente compañía de nuestra orquesta. Surcó el extenso Allegro ma non troppo, preámbulo de grandezas, con entrega absoluta al misterio de esos dos temas con los que -ahora se sabe- el maestro de Bonn patentizó homenaje a su amada Teresa von Brunswick.

Ornamentaciones expansivas y breves cadencias nos fueron llevando a través de esa estructura de sonata bitemática que alcanza una belleza arrolladora, propia de un alma feliz y expansiva, como expansivo resulta ese segundo tema que Shari, en la cadenza, extiende en toda su difícil majestad hasta dejarnos intensamente emocionados.

Ímpetu y seguridad

En la romanza del segundo tiempo, con sus variaciones decorativas y ese único, amable tema, suma de toda felicidad humana, la bella solista tejió arabescos y modulaciones que nos condujeron al fuego vivo del rondo final en el que Shari, señora cabal de su instrumento, con ímpetu y seguridad admirables, sorteó dificultades y aceptó el saltarín coloquio, cuajado de resonancias populares, con la masa orquestal. No es preciso enfatizar el prolongado aplauso y los vítores que esta ejecución arrancó al publico presente en el teatro.

Tras el intermedio nos llegó la compañía de Jean Sibelius, el finlandés que, antes de la aparición de los modernistas rusos -Prokofiev y Shostakovich- sostuvo entre sus manos la venerable forma de la sinfonía, cuya muerte se anunciaba como inevitable ya desde comienzos del siglo XX.

En su búsqueda de la forma “pura”, sin el programatismo de Mahler y los nexos afectivos de un Tchaikowski, el finlandés que alcanzó los 92 años de edad trabajó afanosamente la estructura de sus piezas sin abandonar nunca la voluntad romántica que anidaba en sus orígenes.

Canto patriótico

De las siete sinfonías llevadas a fin por Sibelius, escuchamos la primera, de 1899.

Paradoja. Esta primera sinfonía, por el tiempo en que fue compuesta, de crisis política entre Finlandia y su opresora Rusia, fue considerada un canto patriótico dado que contiene algunos sones de folclor muy reconocibles, pero el caso es que la influencia mayor que se advierte es la de un ruso: el gran Tchaikowski. Nuestra orquesta ofreció una justa versión de esta magna obra.- Jorge H. Álvarez Rendón




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