Atrapados en cuatro movimientos

Lomónaco deja al público sin aliento gracias a Bruckner

Los integrantes de la Orquesta Sinfónica de Yucatán y el maestro Juan Carlos Lomónaco (al frente) al término de su actuación anteanoche

Trémulo de cuerdas. El llamado primigenio del corno. Comienzan a dibujarse los primeros acordes de la Cuarta Sinfonía de Bruckner en los diez años de la OSY, como un recordatorio sonoro de sus ambiciones.

Bewegt, nicht zu schnell. Este primer movimiento va ascendiendo en intervalos de metales, y cuando más dramatismo creemos que ha alcanzado, el clímax se disuelve al entrar un segundo tema más ligero, antes de volver nuevamente al tema inicial, que ha de repetirse en la sinfonía en el cuarto movimiento, cuajando con este retorno temático una sinfonía “redonda”, perfecta.

Segundo movimiento: Andante, quasi allegretto. Se dice del autor que solía expresar en los movimientos lentos de sus sinfonías sus emociones más fuertes, algo que queda claro en la Sinfonía Romántica, como el mismo autor llamó a esta obra, de su puño y letra (sería la única que tuviera un título de mano del compositor, las otras sólo están numeradas).

El desarrollo de este segundo es lento y melancólico, de una musicalidad parecida en su belleza al Requiem de Fauré en su carga religiosa o metafísica, si se permite la comparación. Pizzicato en las cuerdas, un aire antiguo invade a la orquesta, sobre todo en los adornos de algunas notas.

El protagonismo de los metales es evidente, el tema se expone primero en la flauta, luego en el corno y finalmente en las cuerdas, que refuerzan la idea musical inicialmente “solista”.

En este segundo movimiento nos queda una sensación de creación poética, en el sentido de cómo al igual que es ésta de una sola emoción, palabra (o idea musical) se puede inventar todo un universo.

El tercer movimiento, Bewegt / Trio: Nicht zu schnell. Keinesfalls schleppend, expuso la solidez de los alientos de la OSY. El brío de una melodía cazadora, encomendada a los cornos, danza en un pasaje bucólico. Pero Bruckner juega con nuestras emociones y nos deja caer en la cúspide del entusiasmo introduciendo un tema nuevo en el oboe, que luego se va desarrollando en las cuerdas. A este compositor le fascina jugar con nosotros, como un buen escritor que no quiere contar todo desde el principio, sino que suelta el anzuelo y nos deja enganchados como un tonto pez. Los temas van y regresan mostrando la claridad de la estructura sinfónica.

El cuarto movimiento, Finale: Bewegt, doch nicht zu schnell, el inicio nos regresa al tema inicial del primer movimiento, con el mismo efecto o textura ondulante del tremolo de las cuerdas, pero mucho más dramático. Movimiento largo y extendido, de maestría contrapuntística según los expertos. La fuerza de los bronces contrasta con el lirismo melódico y suavidad de las cuerdas. De nuevo, la claridad temática de los grupos contrastantes muestran la poderosa estructura de esta sinfonía y porqué a Bruckner se le considera uno de los grandes sinfonistas de la historia, junto con Beethoven y Wagner.

Como un buen narrador, que desde el primer párrafo sabe atrapar al lector, el maestro Juan Carlos Lomónaco, titular de la OSY, una vez que tomó las riendas de esta sinfonía no se permitió soltarlas, manteniendo en vilo al auditorio. Los setenta minutos de la pieza transcurrieron como un abrir y cerrar de ojos y una montaña rusa de emociones. – P. Garma

De un vistazo

Felicitación en sus 10 años

Enhorabuena para la OSY en la celebración de su primera década, a su sólida sección de metales, en la que destacan los cornos en esta obra. Hágase extensiva la felicitación para todos aquellos integrantes suyos que a diez años conservan el entusiasmo de los inicios y el fuego de la búsqueda del ideal sonoro, y desde luego a su director, que ha cumplido con elevar el nivel musical y repertorio de esta, nuestra orquesta.

El corno principal

Aunque en sí la orquesta es la gran solista, el corno principal, es este caso el español Juan José Pastor, se lleva buena parte del crédito en la sinfonía.




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