Interés de la sociedad crece por el tiempo y la astronomía maya

MÉXICO (Notimex).- Después de los ritos y las creencias, el tiempo y la astronomía maya acaparan el interés del público en la exposición “Mayas, revelación de un tiempo sin fin”, que se exhibe en el Palacio Nacional y que concluirá en abril próximo.

En un sondeo acerca de la muestra, que hasta el 9 de marzo había recibido 158 mil visitantes, el 31 por ciento de los encuestados señaló que el segundo aspecto más atractivo es el tiempo y la astronomía, que sigue al 35 por ciento de los ritos y creencias de dicha cultura, informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en un comunicado.

El conocimiento que detentaban los sabios de esta antigua civilización, a partir de la observación celeste, es también uno de los temas sustanciales en la investigación, del que se ocupa actualmente la arqueoastronomía.

En el estudio de la cultura maya, una de las líneas de indagación de esta disciplina es la presión del ajuste del calendario que realizaban los antiguos pobladores a partir del paso cenital del Sol.

En este sentido, el arqueoastrónomo Arturo Montero García destacó la importancia de la ciudad de Chichén Itzá y en particular de la pirámide El Castillo.

Explicó que el Sol ocupa el punto más alto del cielo dos veces al año, el 23 de mayo y 19 de julio para esta latitud, fenómeno que únicamente sólo ocurre entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio, es decir, en las regiones andina y mesoamericana, en América, e Indochina; de ahí el culto que estas antiguas civilizaciones rindieron al astro.

En lo que respecta al ajuste periódico del año, mencionó que fue necesario debido al desfase natural que provoca la revolución -el giro completo- no sincrónica de la Tierra en torno al Sol.

La trascendencia del paso cenital de este astro para los mayas ya había sido registrada por Diego de Landa (1524-1579), en el siglo XVI, añadió el director del Centro de Estudios de Posgrado de la Universidad del Tepeyac.

Tres siglos después, el viajero John Lloyd Stephens (1805-1852) hizo hincapié en este evento, a partir de observaciones del mayista Juan Pío Pérez Bermont (1798-1859), autor del denominado “Códice Pérez”, refirió.

La latitud y el horizonte cero de la Península de Yucatán propiciaron que el Sol cenital se convirtiera en el indicador del centro de la ciudad prehispánica de Chichén Itzá.

Dentro de este sitio arqueológico, el edificio de El Castillo se volvió en sí mismo la expresión de la geometría planteada a través de la astronomía.

Los dos pasos verticales del Sol en El Castillo, los ángulos de los equinoccios de primavera y otoño, y de los solsticios de verano e invierno, permiten determinar la exactitud con que fue orientada la pirámide, comentó Arturo Montero.

Si se coloca su planta cuadrangular dentro un círculo imaginario y éste se divide en 16 partes, separadas por ángulos de 22 y medio grados, las líneas corresponden con los puntos arquitectónicos, como la mitad de alfardas y escalinatas, justo en pasos cenitales, solsticios y equinoccios.

El Castillo es bien conocido por el efecto de luz y sombra de la serpiente emplumada, que se observa en el equinoccio de primavera, el próximo sucederá el día de mañana a las 10:56 horas.

En cuanto a esto, el arqueoastrónomo señaló que, aunque miles de personas se reúnen a verlo en un día en específico, éste sucede por varios días en la alfarda norte.

Por ello, es difícil utilizar este evento para referir con exactitud algún evento astronómico o un día en particular, indicó quien ha sido codirector del proyecto de arqueología subacuática del INAH en el Nevado de Toluca.

“Sin embargo, como arreglo estructurado entre la arquitectura y la astronomía resulta significante para la experiencia religiosa y no de una exactitud astronómica”, dijo.

Para Arturo Montero, son más precisos los cálculos que realizaron los mayas, con el fin de señalar el equinoccio, desde el edificio que se conoce como El Caracol, también en Chichén Itzá.

Esta obra arqueológica es una torre circular con cuatro puertas, techo a manera de cúpula y con ventanas que permiten observar el movimiento de los astros; la vista entre las jambas de una de las ventanas coincide con la posición del Sol al ocaso del equinoccio.

Es de mencionar que al oeste de Mayapán y en la costa oriental de Paalmul se encuentran dos observatorios similares a El Caracol; sin embargo, aunque los tres se ubican en la misma latitud, cada uno observa fenómenos astronómicos diferentes.

Por último, el INAH informó que a partir de mayo se impartirá un diplomado en Arqueoastronomía en el Centro de Estudios de Posgrado de la Universidad del Tepeyac.



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