Delicioso ingrediente, pero de un origen incierto
Bueno para tu salud
El origen del cultivo del garbanzo, es muy discutido. Podría situarse, con cierta seguridad, en el Mediterráneo Oriental, es decir: Grecia, Turquía o Siria. Desde estas tierras, se expandió con relativa rapidez, por todas las regiones ribereñas del Mediterráneo.
Los colonizadores españoles, lo introdujeron en América después de la conquista, implantándose con éxito en California, México y en las regiones de clima seco de todo el continente americano.
Los garbanzos son ricos en calorías, fibra, glúcidos, proteínas y grasas; razón por la cual no se recomienda incluirlos en dietas adelgazantes. Otros nutrientes que nos aportan los garbanzos, son la vitamina E y minerales como potasio, fósforo, calcio, magnesio y sodio.
Son un buen alimento en casos de diabetes, anemia, problemas de colón e hipertensión. No se aconseja comerlos tienendo problemas intestinales o flatulencias.
Por su forma redondeada, sus laterales aplastados y el pico formado por el relieve de la raicilla, se parece mucho a una cabeza de carnero, con los cuernos enrollados en los flancos. Esta semejanza no ha pasado desapercibida. Muchos de los nombres del garbanzo, están relacionados con esa forma en cabeza de carnero. Por ejemplo, la palabra griega κριός significa “carnero” y “garbanzo”.
Pueden comerse cocidos, tostados, fritos e incluso, en forma de harina. En algunas zonas, se tuestan y muelen, para hacer con ellos una infusión parecida al café. Los puedes encontrar en diferentes presentaciones: cocidos, en remojo, envasados y secos.
Cuando los compres a granel, fíjate que estén enteros, sin olor y con un color uniforme. Los garbanzos se conservan mucho tiempo y una vez cocinados, pueden ser congelados por varios meses. Ahora sí, a disfrutar de este delicioso ingrediente.
