Cubos de hielo de café.

El café es delicioso.

Hay un pequeño problema recurrente para los amantes del café. El café es delicioso, pero invariablemente te quemas la lengua, es eso o ponerle hielo al café haciendo que quede aguado (o esperar a que se enfríe solo y no siempre tenemos el tiempo o paciencia para ello).

Otro problema recurrente en casas que se hace café para varias personas es el café sobrante. Queda un poco de café al final del día y se presenta la dura decisión de recalentarlo (“¡no sabe igual!”) y tirarlo (“es un desperdicio”).

La solución para ambos es muy sencilla: hielo de café. Elige una charola de hielos que vas a destinar a este uso (se mancha, no la podrás usar para agua de nuevo) o un traste de plástico poco profundo. Vierte el café “viejo” en el contenedor y congela.

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