Champagne

Champagne, bebida de reyes.

 “En la victoria mereces champagne, en la derrota lo necesitas” 

Napoleón Bonaparte

“Apenas me tomé dos copas de champagne y la escena cambió ante mis ojos en algo significativo, elemental y profundo” F. Scott Fitzgerald

 El Champagne es un vino espumoso con denominación de origen de la región francesa de Champagne.  Blanco y rosado, el Champagne se ha convertido a lo largo de los años en sinónimo de celebración y excelencia. El color del champagne blanco oscila del oro pálido al oro verde, del amarillo oro al ambarado, del oro viejo al oro blanco.  Pero todos los matices de los blancos no son únicamente agradables a la vista, sino también reveladores de la personalidad del vino ya que corresponden a la elección del ensamblaje y de la crianza. En el caso de ambas variedades, un vino ligero es claro, un vino poderoso más oscuro. Un vino toma color en la medida de su periodo de crianza

 La zona de Champagne está situada cerca de París, en torno a la localidad de Reims. El clima es lluvioso y frío. Las uvas tienen mayor acidez y salen con poco grado, por lo que es necesario “chaptalizar“, es decir añadir azúcar para lograr más grado.

En su elaboración se utiliza como uva blanca básica la chardonnay, acompañada del Pinot Noir y el Pinot Meunier, uvas tintas con pulpa blanca, se cultivan sin extracción de la coloración de la piel. El Pinot Noir aporta consistencia al coupage y el Pinot Meunier aromas afrutados.

Se elabora según el Método “Champenoise”, perfeccionado por el monje benedictino Dom Perignon, de la abadía de Hautvillers a finales del s XVII. Se caracteriza por que la segunda fermentación y crianza del vino se llevan a cabo en la botella, lo que permite adquirir las burbujas de forma natural. Requieren largas crianzas (5 años o más) para obtener un grado óptimo de maduración.

Al final del periodo de crianza, el vinificador elimina el deposito de la botella y añade una mezcla de azúcar y vino (licor de expedición). Este toque azucarado, distinto según los vinos, permite establecer una escala de menos azucarado a más azucarado, es decir del extra-brut al dulce.

Dulce, más de 50 gramos de azúcar.

Semiseco, entre 33 y 50 gramos.

Seco, entre 17 y 35 gramos.

Extra seco, entre 12 y 20 gramos.

Brut, menos de 15 gramos.

Extra brut, entre 0 y 6 gramos.

 Para una dosis de menos de 3 gramos,  se pueden utilizar también las menciones “brut nature”,  “pas dosé” o “dosage zéro”.

En Champagne, la tradición es que se ensamblen los vinos de años distintos. Cada año, una parte de la vendimia se conserva para formar parte de futuros ensamblajes. Con estos vinos de reserva, el elaborador conseguirá mantener el sabor y estilo de su Champagne. Por ello se dice que el ensamblaje llamado “non-millésimé” es aquel que expresa a la perfección el estilo de cada marca. Si la tipicidad de la vendimia la hace ser extraordinaria, el elaborador puede decidir hacer un vino  millésimé, aunque sólo se hace de forma excepcional. Un Champagne millésimé será siempre un vino caracterizado por  la personalidad de una añada en concreto.

El Champagne se bebe bien frío, pero nunca helado (se recomienda tenerse entre 8 a 10 °C). Cuanto más joven y vivo es el Champagne, más le conviene ser servido frío. El que el frescor sea demasiado fuerte perturba la percepción de los aromas y los sabores.

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