No logra hacernos “creer”

Johnny Sequoyah y Jake McLaughlin en una escena de la serie "Believe", que se estrenó ayer en Warner

Una niña de diez años, llamada Bo (Johnny Sequoyah), canta una canción siniestra en el asiento trasero de una camioneta, su madre -en el asiento del copiloto- le pide que no cante esas cosas. Su padre conduce cuando otro vehículo les impacta sacándolos de la carretera.

En otra escena, un sacerdote entra a una prisión de máxima seguridad; los guardias lo guían a la celda de un preso de alta peligrosidad, se trata de Tate (Jake McLaughlin), un condenado a muerte por un asesinato que no cometió. Winter (Delroy Lindo), el sacerdote, además de llevarle el perdón de la confesión le tiene una oferta que no puede rechazar.

Los dos minutos de introducción de la serie “Believe” logran atrapar al espectador y le hacen “creer” en la serie, lo malo es el resto.

En este tiempo se nos presenta a Bo, una niña con poderes telequinéticos que no puede controlar y que podrían cambiar al mundo. Es por esta razón que dos grandes organizaciones luchan por quedarse con ella.

Son varios los problemas que presenta la serie: la historia, los actores y la credibilidad. Poca cosa.

Empezando por la historia, ésta deja mucho que desear, pues una vez vista la introducción (el tráiler), parece que ya lo viste todo y lo peor es que viste lo mejor. La trama es muchas veces predecible y los giros se sienten forzados. El capítulo está lleno de persecuciones, en auto, a pie, en la calle o en hospitales, todo el episodio. Son pocos los momentos que nos dejan profundizar en la historia, posiblemente fueron un puñado de conversaciones las que nos revelan todo.

La serie seguirá, por lo que se vio en el pilóto, el modelo de casos. En todos los episodios la trama principal avanzará mientras los protagonistas resuelven un caso, en el cual Bo estará encargada de hacer creer a Tate en la humanidad. Llegando a los actores hay dos tipos, los que lo hicieron bien y los que no. Algo rescatable es la actuación de la pequeña Bo, su papel es lindo y enérgico cuando es necesario, sin caer en un personaje insoportable como lo logran muchos niños que actúan en la televisión.

Los villanos son tal vez los más prometedores. Leeds, una agente encargada de llevarse a Bo, tiene el papel de un villano clásico, una máquina inparable cuyo único objetivo es detener a los héroes. ¿Qué la hace especial? Que entre tantas persecuciones deja ver un conflicto interior, que la hace romper con lo plano de su personaje.

El otro villano que resalta es Roman Skouras (Kyle MacLachlan), un filántropo multimillonario con la misión de quedarse con Bo. ¿Por qué razón? Nadie sabe, lo único que sabemos por el momento es que mantiene contacto con Milton Winter, y parece competir con él para ver quien se queda con la pequeña.

Esta subtrama es por lo que vale la pena ver el piloto, los villanos son hasta ahora lo que promete.

Como punto final hay que señalar la credibilidad. Un ejemplo, que hasta pena da, se resume con una conversación en la cual Tate pregunta por qué no puede usar armas, a lo que Winter le contesta que porque son los buenos. Sólo ahí ya tenemos la justificación para horas de persecuciones sin sentido en la que los buenos siempre tendrán la desventaja.

El otro punto se encuentra en la escencia de la serie, ¿por qué un poder como el de Bo cambiaría todo? Siento que este argumento quedaría muy bien para una serie que ocurre en otro siglo. En pleno siglo XXI hay muchas cosas que pueden detener a una niña con telequinesis.

La serie promete, pero no se acerca a lo que prometían los nombres de Alfonso Cuarón y J.J. Abrams juntos; habrá que darle la oportunidad y ver los cuatro episodios reglamentarios para juzgar. Puedo concluir que se abusó del éxito reciente de Cuarón y el nombre de Abrams para catapultar una serie del montón.

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(*) Egresado de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Yucatán.



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