Sólo logra dividir a la crítica

Domnhall Gleeson y Rachel McAdams protagonizan "Cuestión de tiempo", aún en la cartelera local

El estreno meses atrás en Estados Unidos e Inglaterra de “Cuestión de tiempo”, el más reciente trabajo de Richard Curtis (escritor de “Cuatro bodas y un funeral”; director de “Realmente amor”), supuso uno de esos interesantes momentos que suelen darse cuando las características específicas de una película dividen a la crítica profesional en bandos opuestos: en este caso, entre aquellos que no perdonan las incongruencias narrativas perpetradas por su propia premisa y quienes han decidido consciente o inconscientemente ignorar dichas incongruencias en beneficio del humor y sentimentalismo que son sus cartas más fuertes.

Para tener una idea aproximada de dicha polarización, es importante partir de la trama. En el centro de ella nos encontramos con Tim (Domnhall Gleeson), joven de 20 años inglés cuyo padre (Billy Nighy) decide un día hacerlo partícipe de un gran secreto: todos los hombres de la familia han sido bendecidos con el don de retroceder en el tiempo y corregir errores del pasado.

Demostrando tener pésima suerte en el plano sentimental, Tim concentra su recién descubierta habilidad en buscar a la mujer de su vida; deseo que se hace realidad con Mary (Rachel McAdams), chica estadounidense que vive en Londres a quién consigue conquistar luego de varios encuentros incómodos que son arreglados con ayuda de este talento familiar.

Eventualmente se casa con ella y vive experiencias que lo llevan a reevaluar qué tanta importancia tiene el querer controlar el pasado en lugar de esforzarse por un mejor presente.

A partir de este momento viajar en el tiempo pierde relevancia para él.

Y por lo visto, también para la película. De hecho, Curtis no parece preocuparse por hacer consistente la lógica de estos viajes. Más bien, busca usarlos como una mera excusa con la cual explorar los temas de responsabilidad, aceptación y apreciación por las cosas simples de la vida que conforman el núcleo emocional del filme.

Las imperfecciones

Las escuetas condiciones para hacer uso de su poder que Tim recibe de su padre son quebrantadas, ignoradas o modificadas durante el transcurso de la historia para operar en beneficio de lo que Curtis sabe hacer mejor: envolvernos con las emociones aceptablemente melosas pero nunca demasiado reverentes que caracterizan a sus personajes.

Debido a ello me las arreglé por momentos para hacerme la vista gorda ante estas imperfecciones y disfrutarla con un corazón abierto.

Sus partidarios seguramente se referirán a ellas como “licencias” o libertades”. Pero por otro lado, no soy tan sentimental como para pasar por alto lo que a todas luces son huecos narrativos haciéndose pasar por decisiones creativas.

Y no hablo de huecos simples, sino bastante prominentes; tan grandes como los de una calle mal pavimentada.

Detalles como estos me imposibilitan considerar a esta película como una experiencia totalmente satisfactoria.

En una entrevista, Curtis mencionó que “Cuestión de tiempo” podría ser su última obra como realizador.

Me pregunto si una parte de él desearía estar emparentado con Tim para retroceder al pasado y volver a filmarla. Si así fuera, ¿entregaría algo mejor? Lo triste del asunto es que nunca habrá manera de saberlo.




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