“Swinging Christmas”, un cuento navideño sin “los tópicos” de la Navidad

 

Concha Carrón.

MADRID (EFE).- Benjamin Lacombe se ha aliado en “Swinging Christmas” con la cantante francesa Olivia Ruiz para alumbrar un cuento navideño “sin los tópicos” de la Navidad, un álbum ilustrado en el que se siente la cercanía de estas fiestas con recursos distintos a “la religión, a Papá Noel y a los Reyes Magos”.

En una entrevista con Efe en Madrid, Lacombe desvela que este álbum, publicado por Edelvives, nace de su deseo y del de su amiga, la cantante Olivia Ruiz, de origen español, con la que ya había publicado antes “Melodía en la ciudad”, de hacer un álbum musical.

A raíz de la colaboración puntual de la cantante con un grupo de jazz creado por uno de sus músicos, a ambos se les ocurrió la idea de publicar un cuento navideño musical que incluye un cd con cinco grandes clásicos de la canción americana interpretados por Olivia Ruiz y The Red Star Orchestra, una big band formada por 25 músicos.

El ambiente y la estética del jazz, un género musical con el que Lacombe disfruta desde que era pequeño, ha inspirado al reconocido ilustrador francés para las imágenes de “Swinging Christmas”, aunque también su amor, y el de Olivia Ruiz, a los libros y a la lectura.

Por ese motivo el protagonista del libro es Robin, un niño de 9 años disléxico que descubre la emoción que pueden llegar a transmitir los libros con la ayuda del jazz, una música “supuestamente de adultos” por la cual el pequeño se siente atraído de inmediato y que le descubre el placer de la lectura.

A pesar del trasfondo de la obra, una historia de amor entre adultos, su autor asegura que “Swinging Christmas” es “esencialmente para niños”, aunque los adultos se puedan sentir atraídos por la misma al encontrar en ella, “como en todos los buenos libros, diferentes niveles de lectura”.

Además, estas Navidades también se puede ver en las librerías españolas la segunda parte de “Nuestra Señora de París”, la célebre novela de Víctor Hugo, ilustrada por Benjamin Lacombe, una “continuación” de la primera pero “con mucha más acción” en las ilustraciones y escenas “muy espectaculares”.

Según su autor, la primera parte de la obra era “más contemplativa”, al introducir en la misma a Víctor Hugo, “mucha reflexión y filosofía”, mientras que el segundo volumen profundiza mucho más en la historia.

Benjamin Lacombe (París, 1982) reconoce que inicialmente sintió “un poco de terror” al pensar en ilustrar un clásico “tan icónico” de 600 páginas de Víctor Hugo que nunca se había ilustrado, aunque reconoce que los tres años de trabajo que le han llevado hacer más de cien ilustraciones “han merecido la pena”.

“Es apasionante ponerle cara a Quasimodo o a Esmeralda”, según el ilustrador, un clásico que “parece que todo el mundo conoce pero que en realidad no es así”.

Lacombe también destaca la “modernidad” de la obra, en la que -asegura- ya se aludía “al peligro” de que los libros sustituyeran a la arquitectura como forma del hombre de dejar “huella en el tiempo”, algo que Víctor Hugo ya predijo que no sucedería.

Con esa misma convicción del conocido escritor romántico francés, Benjamin Lacombe asegura que el libro electrónico no llevará a la desaparición del libro en papel; “los ebook existirán, pero el libro en papel contará la historia de una forma diferente”, por lo que anima a no vivir la revolución tecnológica actual como una amenaza “sino como una nueva forma de llevar a la gente a la lectura”.

El ilustrador asegura que de pequeño dibujaba sobre cualquier superficie que tuviera a mano, una costumbre que su madre, amante de la literatura pero “no muy sensible a la ilustración y el dibujo”, trabaja de “reconducir”.

De las 28 obras que ha realizado hasta el momento reconoce estar especialmente orgulloso de tres- “Los cuentos macabros”, de Edgar Allan Poe, de “El hervario de las hadas” y de la última, “Madame Butterfly”, que se publicará el año que viene en español.

En el caso de sus “Cuentos macabros”, asegura que deseaba ilustrarlos desde que los leyó con 11 años y se quedó “impactado”; en “El hervario de las hadas” porque el proyecto pasó de no interesarle “nada” al principio a entusiasmarle por “la construcción” de la historia; y en el caso de “Madame Butterfly” por haberse atrevido a enfrentarse a la primera ópera con la que lloró de niño




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