“Stones 50″ presenta lado íntimo de los Rolling

1 / 7


Imagen del Centro Cultural Borges, de Buenos Aires de una imagen que hace parte de la muestra "Stones 50". Con más de cien fotografías, la muestra "Stones 50" revela en Buenos Aires la intimidad de los Rolling Stones.- (EFE)
Imagen del Centro Cultural Borges, de Buenos Aires de una imagen que hace parte de la muestra "Stones 50". Con más de cien fotografías, la muestra "Stones 50" revela en Buenos Aires la intimidad de los Rolling Stones.- (EFE)
Imagen del Centro Cultural Borges, de Buenos Aires de una imagen que hace parte de la muestra "Stones 50". Con más de cien fotografías, la muestra "Stones 50" revela en Buenos Aires la intimidad de los Rolling Stones.- (EFE)
Imagen del Centro Cultural Borges, de Buenos Aires de una imagen que hace parte de la muestra "Stones 50". Con más de cien fotografías, la muestra "Stones 50" revela en Buenos Aires la intimidad de los Rolling Stones.- (EFE)
Imagen del Centro Cultural Borges, de Buenos Aires de una imagen que hace parte de la muestra "Stones 50". Con más de cien fotografías, la muestra "Stones 50" revela en Buenos Aires la intimidad de los Rolling Stones.- (EFE)
Imagen del Centro Cultural Borges, de Buenos Aires de una imagen que hace parte de la muestra "Stones 50". Con más de cien fotografías, la muestra "Stones 50" revela en Buenos Aires la intimidad de los Rolling Stones.- (EFE)
Imagen del Centro Cultural Borges, de Buenos Aires de una imagen que hace parte de la muestra "Stones 50". Con más de cien fotografías, la muestra "Stones 50" revela en Buenos Aires la intimidad de los Rolling Stones.- (EFE)


Por VALERIA AGIS

BUENOS AIRES (AP).- El día en que Adam Cooper festejaba uno de sus primeros cumpleaños, los Rolling Stones llegaron a su casa en Londres con una guitarra eléctrica y una acústica, autografiadas, como regalo. Dos días después, Keith Richards golpeó nuevamente a la puerta y le dijo al pequeño: “¡Hey!, necesito tomar prestada tu guitarra acústica para grabar una canción en el estudio”.

El resultado fue “Ruby Tuesday”, registrada con aquel obsequio. “Por supuesto, aún tengo ese instrumento”, ríe ahora Adam, más de cuatro décadas después en Buenos Aires, donde vive hace 15 años.

“Está muy bien guardado, porque pienso que vale una fortuna”. A sus 49 años, Adam Cooper sabe que su infancia fue una postal soñada para miles de fanáticos del rock and roll. Hijo del legendario fotógrafo británico Michael Cooper, quien retrató minuciosamente la cotidianeidad de los Rolling Stones durante su primera década, Adam fue desde niño un testigo privilegiado de la psicodelia de la banda y de aquellos tiempos, evocados ahora en la muestra “Stones 50”, con trabajos de su padre, que desde el viernes se presenta en el Centro Cultural Borges de la capital argentina y que recorrerá próximamente Chile y otros puntos de Latinoamérica.

La flamante exposición, que demandó más de dos años de trabajo por parte de Adam y de su esposa Silvia, una de las curadoras del proyecto, fue pensada como un homenaje por partida doble: a las cinco décadas de vida de uno de los máximos grupos de rock de todos los tiempos, y a la obra de Michael Cooper, el hombre que supo captar la banda como ningún otro.

Para ambos responsables de la exhibición, el vibrante espíritu íntimo que transmiten las imágenes es fruto de la relación íntima que tenían en aquel entonces el artista visual y los músicos. “Michael fue, ante todo, amigo de los Rolling Stones”, asegura su hijo.

“Lo humano estuvo siempre primero; el fotógrafo venía en segundo lugar”. Talentoso, por entonces jovencísimo y padre soltero del pequeño Adam, Michael Cooper fue incorporado de inmediato -junto con su retoño- a la “familia Stone”.

Durante 10 años, hasta su temprana muerte, en 1973, convivió con el grupo en estudios de grabación, cuartos de hotel, antesalas de conciertos, vacaciones y giras enteras.

“Tenían una relación tan buena que los músicos estaban siempre relajados ante la cámara. Michael nunca los molestaba; por eso tuvo el privilegio de retratarlos sin poses”, sostiene Adam sobre su padre. “Cuando uno mira estas fotos advierte algo: son de la vida real”.

La obra completa de Michael Cooper -también autor de la inolvidable portada del álbum “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (1967), de los Beatles- consta de 70 mil fotografías. De ellas, 3.500 integran la colección de los Stones pero sólo un centenar fueron las elegidas para integrar “Stones 50”, entre ellas la célebre “Once manos”, aún con Brian Jones y tomada para el disco “Their Satanic Majesties Request” (1967), además de instantáneas en una hogareña sobremesa con platos usados y tazas de café en la cocina de la Villa Nellcôte, la mansión que alquiló Richards en el sur de Francia en 1971; en los Olympic Studios londinenses y de paseo por la soleada California a bordo de un descapotable. Con amabilidad y visible timidez, Adam Cooper -el #niñito” que aparece jugueteando en varias de esas fotografías- se sonroja cuando se le pregunta cómo fue crecer de la mano de los Stones.

“Michael hacía su trabajo y yo tenía apenas cuatro o cinco años. Uno no reconoce a los famosos a esa edad; para mí eran sólo gente como cualquier otra.

Era una situación normal, no podía compararlo con otra vida; así era la que a mí me había tocado vivir”. Finalmente, cuando a los nueve años la muerte de su padre, por un aparente suicidio, marcó el final de ese paraíso infantil de viajes y rock and roll, la relación entre Adam y los miembros del grupo perdió cotidianeidad, aunque se prolongó en el tiempo gracias al cariño de lo vivido: “Me gusta mantener una cierta distancia con la banda en la actualidad. Hay mucha gente que intenta vivir de ellos; yo quiero alejarme lo más posible de esa posición, y ellos lo valoran. Nos tenemos un respeto mutuo hace 30 años. Funciona perfectamente”, asevera.

De todos los Stones, a Adam lo une un cariño particularmente entrañable con Richards, con quien comparte una consabida pasión por Argentina y por Latinoamérica y con quien más habla del pasado. “Keith, particularmente, siempre recuerda a Michael. La última vez que lo vi, me dijo: WTodo el mundo tiene días malos a veces, también yo. Cuando eso ocurre, miro hacia el cielo y le pido un consejo a tu padre”’, relata Cooper, emocionado. “Es un hombre muy dulce, allí uno entiende que no todo es rock en la vida de estas estrellas”.




Volver arriba