Una experiencia agradable

Una experiencia agradable

Autor: Manuel Alejandro Escoffié Duarte (*)

Hoy en día, historias sobre inmigrantes nacionales y las injusticias a las que son sujetos nunca hacen falta.

Lo que sí es muy raro son las ficciones cinematográficas sobre este mismo tema que eviten caer en la dicotomía engañosa del mexicano ilegal inocente como ángel y el agente fronterizo estadounidense despiadado.

A pesar de encontrarse bastante lejos de ser un producto perfecto, “Guten Tag, Ramón” (o “Buen Día, Ramón”, como también se le conoce) demuestra ser encomiable en comparación con otros filmes de su tipo justamente por contar con la decencia suficiente de no pertenecer a dicho grupo.

En el tercer largometraje de Jorge Ramírez Suárez (“Amar” en 2009 y “Conejo en la Luna” en 2004), Krystian Ferrer encarna al Ramón del título; joven de estrato humilde que tras muchos intentos por cruzar la frontera de México y Estados Unidos para procurarle una vida económicamente mejor a su madre (Arcelia Ramírez) y a su abuela (Adriana Barraza), decide emigrar al otro lado del Atlántico hasta acabar en Frankfurt, Alemania; con el entendido de que ahí gozará de la hospitalidad de la tía de un amigo.

Descubriendo al llegar que la tía en cuestión ha cambiado de domicilio, con nulo dominio del idioma y careciendo de techo, comida o dinero para volver a México, Ramón sobrevive gracias a la generosidad de una anciana llamada Ruth (Ingeborg Schoner) que vive en un edificio para pensionados.

Y justo como su abrumadoramente emotivo tráiler promocional permite suponer, una simple historia sobre el lenguaje universal de la amistad entre dos seres distintos comienza a desarrollarse de manera sumamente convencional, pero sincera en sus intenciones.

Estamos frente a un filme que fácilmente pudo haber degenerado en un festival manipulador de lágrimas. Por fortuna, sus momentos sentimentales se sienten legítimos en gran medida debido a la naturalidad con que Ferrer engancha con éxito al público desde sus primeros minutos en pantalla.

Quizás Ramírez Suárez hubiera contribuido a fortalecer un poco más su interpretación con la decisión deliberada de omitir cualquier subtitulo en español durante los diálogos y conversaciones en alemán; logrando de esa forma colocar directamente al espectador en el mismo nivel de incertidumbre y desesperación que el personaje.

Sin embargo, siendo realistas, aquello quizás le hubiese dado a la cinta un perfil demasiado radical que no necesita realmente.

Además de que probablemente hubiera sido más un estorbo que una ventaja para la aceptación comercial que ha generado desde su estreno. Mención honorífica en el mismo rubro merecen tanto la veterana Schoner como el simpático Rudigers Evers, quienes en sus respectivas interpretaciones como los principales aliados de Ramón terminan de brindar al filme su particular y afable personalidad.

Pese a una partitura musical demasiado abrumadora por momentos y cierta escena involucrando a un prostíbulo que por un instante rompe innecesariamente el tono familiar que la cinta tan hábilmente maneja, cualquier espectador ávido de un cine con la única intención de hacerlo vivir una experiencia agradable y de tocar su corazón por medio de la ternura verá sus oraciones más que escuchadas en “Guten Tag, Ramón”.

Y si se considera que fue genuinamente disfrutada por un servidor que personalmente suele preferir historias con más filo, eso ya es decir mucho.




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