Sólo una “Ilusión Nacional”

Rafael Márquez en una escena del documental "Ilusión Nacional"

Para Olallo Rubio, director, escritor, co-productor y narrador del documental “Ilusión Nacional”, esta película conforma un sueño anhelado desde hace tiempo; siendo él mismo un apasionado de la Selección Mexicana.

No dudo que más de un espectador no sólo comparta dicha pasión, sino que agradezca que alguien se tomara la molestia de desarrollar lo que viene siendo un tema rara vez explorado como eje de un trabajo fílmico; sea en ficción o documental.

Para quien esto escribe la experiencia suele ser, a falta de mejores términos, un poco compleja. Siendo desde siempre indiferente ante tan amado deporte, entré a la sala esperando pasar la siguiente hora y media luchando por encontrar una conexión emocional con algo que me era completamente ajeno. El equivalente a estar en el velorio de un desconocido. Afortunadamente, hay varias características que alejan a “Ilusión Nacional” del esquema documental promedio, así como datos anecdóticos dados a conocer con sobresaliente nivel técnico para involucrar hasta al más ambivalente de los públicos.

A diferencia de “Gimme The Power” (2012), su trabajo documental anterior, Rubio prescinde de las entrevistas a cámara y deja que la accidentada trayectoria de la Selección Nacional sea evocada por material fílmico de archivos históricos, noticieros, transmisiones deportivas y otras fuentes.

El efecto resultante, más que de un documental, asemeja el de un ensayo donde imágenes y sonidos operan como complemento de las observaciones de Rubio sobre la naturaleza visceral del juego y de quienes lo gozan.

Incluso se aventura a tocar un aspecto siempre omitido al hablar acerca de dicha visceralidad: su relación con las estructuras de poder, quienes gustan de escudarse en ella como estrategia para legitimizar su hegemonía.

Ejemplo de lo anterior puede hallarse en imágenes de Miguel de la Madrid inaugurando el Mundial de 1985 ante un océano de abucheos en el Estadio Azteca; mismas que son contrapuestas por ingenieros en una cabina de transmisión que intentan contrarrestar tal efecto negativo subiendo el volumen a la voz del presidente.

Este aspecto constituye lo más disfrutable de “Ilusión Nacional”. Y hasta cierto punto, también lo más decepcionante. Porque más allá del encomiable empleo de sus recursos para arañar la superficie de éste y otros detalles fascinantes, la película no pasa de ser un recuento histórico de éxitos y daños que sobre-enfatiza lo que es constatable sin necesidad de pagar un boleto: que sin importar las derrotas, el mexicano se mantendrá leal a su equipo tricolor con la misma fe ciega que le guarda a la Virgen.

Conceptos como el fútbol soccer y la cultura empeñada en endiosarla merecen algo mejor.

Aunque aplaudo sus aciertos estilísticos, pocos desaciertos son tan notorios como el confundir la “ilusión” con la obviedad.




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