Mucha adrenalina y angustia

Jamie Foxx encarna a "Electro" en la secuela de  El Hombre Araña"

El enemigo mortal de un superhéroe muchas veces no es un genio criminal o un psicópata resentido transformado en fenómeno diabólico, sino su propio publicista.

Cada nueva entrega de Batman, Supermán, El Hombre Araña y similares sólo es tan buena en tanto que demuestre ser más grande y espectacular que la anterior. Éstas no son sólo películas; son acontecimientos.

La implacable maquinaria mercadológica durante los meses previos al estreno de “El Increíble Hombre Araña 2″, al igual que la gran cantidad de tráilers distribuidos, hizo evidente la presión por cumplir con esta promesa de brindar el doble o el triple de circo, maroma y teatro.

Y aunque en muchos sentidos lo logró, dudo que haya sido necesariamente para bien de la misma película.

Al igual que con el primer capítulo de esta franquicia, reitero mi simpatía por la química de Andrew Garfield (Peter Parker/Hombre Araña) y Emma Stone (su novia, Gwen Stacy); quienes inspiran una bienvenida ola de espontaneidad y creíble ternura cimentada en sus solidas tablas actorales.

De hecho, quizás el desempeño del elenco constituye la mayor fortaleza del filme. Nada sorprendente cuando se cuenta con pesos pesados como la veterana Sally Field (Tía May) o el postulado al Óscar Jamie Foxx; cuya evolución de un patético “Godínez” al poderoso Electro es por mucho uno de los detalles mejor cuidados, así como de los más entretenidos.

Por desgracia, no puedo decir lo mismo de un Paul Giamatti relegado a la indigna tarea de gritar y gruñir con un mal acento ruso dentro de una burda armadura metálica, sólo para que los fabricantes de juguetes tengan un artículo más para vender.

Lo cual me lleva al principal problema del filme: se esfuerza por dar a sus personajes momentos psicológicamente profundos, pero al mismo tiempo parece muy impaciente por recordarnos que no estamos viendo un drama de Henrik Ibsen sino una antología multimillonaria de peleas, edificios desmoronándose, automóviles volando en el aire y acrobacias para esquivar balas.

Está atrapado en un complicado limbo donde lo que quisiera ser choca con lo que termina siendo debido a la trampa de las expectativas comerciales que lo acosan.

Dicho conflicto de intereses (y de personalidad) se resiente en su apresuramiento desesperado por pasar de una sobredigitalizada secuencia de acción a otra, dejando en su camino subtramas a medio desarrollar como si fueran cadáveres.

“El Increíble Hombre Araña 2″ cuenta con suficiente adrenalina para el que quiera disfrutarla.

No es mala bajo ningún contexto, pero su angustia constante a lo largo de 148 minutos por poder brindar tanto sustancia como dosis saludables de entretenimiento banal impiden que la experiencia de verla sea justamente lo que un servidor entiende por diversión.




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