Los secretos de la Roma de “La Grande Bellezza”

 

Amparo Puerto.

ROMA (EFE).- El cosmos de Jep Gambardella, el protagonista de “La Grande Bellezza”, dirigida por Paolo Sorrentino y ganadora del Óscar a la mejor película extranjera, muestra una Roma cuya imagen solemne e ideal la aleja de las convencionales guías turísticas que muestran una ciudad “souvenir”.

La fotografía juega con poder en esta nueva cinta de Sorrentino, repleta de matices, donde los escenarios sagrados y mundanos se suceden y aumenta, más si cabe, la incomunicación en la que bucean sus protagonistas, así como renueva la imagen, esta vez en color, de una Roma enigmática e inquietante que ya mostró Federico Fellini en “La Dolce Vita”.

Sorrentino, a pesar de vivir en Roma desde hace muchos años, se resigna a entender esta ciudad y, según afirma en el prólogo del libro que ya se ha editado de la película y en el que se recogen las fotografías más impactantes de la cinta, se niega a mostrar una Roma criticada frecuentemente por su ineficacia y por su pobreza cultural y moral.

La Roma que aparece en la película, lejos de incidir en los monumentos más comunes de la ciudad, descubre al espectador nuevos escenarios que la muestran pulcra y ordenada, donde el desorden y la decadencia sólo corre a cargo de las relaciones de los protagonistas.

Así, a lo largo de las más de dos horas y media de metraje, la ciudad de “La Grande Bellezza”, vista por los ojos de Sorrentino, muestra una Plaza Navona completamente vacía.

En esta, la oscuridad de la noche se contrarresta con la prominencia y la luz que desprenden la Iglesia de Santa Inés de Borromini, la fuente de los cuatro ríos de Bernini y el palacio renacentista de la familia Pamphilj, en el que el protagonista mantiene un encuentro eventual.

El silencio de la Roma de “La Grande Bellezza”, desprovista de la multitud de turistas y del tráfico que enloquecen la ciudad, sólo es interrumpido por la música disco de las numerosas fiestas que se celebran en el ático de un edificio de los años 20, la casa del protagonista cercana a un majestuoso Coliseo, ajeno a todo lo que sucede a su alrededor.

De hecho, la música que hila la cinta se caracteriza por ser una melodía solemne y lírica que acompaña para retratar “el misterioso universo que gravita entorno al Vaticano”, una de las pasiones de Sorrentino, tal y como lo escribe en el libro de la película.

Y para eso, el director napolitano traslada el argumento de la cinta a escenarios, como al Jardín de los Naranjos, situado en el Aventino, una de las siete colinas sobre las que fue construida Roma.

Así, en una de la noches, Jep (Toni Servillo) le descubre a Ramona, la actriz romana Sabrina Ferilli, el agujero de Roma, a unos pocos pasos del Jardín de los Naranjos.

Desde este agujero, que en realidad es la cerradura de los portones de la Orden de los Caballeros de Malta, se puede contemplar únicamente la Basílica de San Pedro.

La misma noche en la que los protagonistas entran en los jardines de la Orden de los Caballeros de Malta, Ramona entra en escena para explicar la falsa perspectiva de Borromini, que el Palacio Spada alberga en sus jardines.

La fuente Paola del Gianicolo, una colina de Roma, sobre el barrio Trastevere, a orillas del río Tíber, es filmada en la película consiguiendo captar unos de los elementos visuales más potentes del filme.

Más al sur de la ciudad, en el barrio Eur, Jep Gambardella, sentado en un trozo de mármol del Salón de las Fuentes, un edificio construido en la época de Mussolini en los años 40 con ocasión de la Exposición Universal, protagoniza un monólogo basado sobre todos esos aspectos contradictorios de la vida que retrata “La Grande Bellezza”.

Tal es el éxito que ha suscitado esta película italiana que el pasado domingo consiguió que el cine italiano se hiciera con una nueva estatuilla después de 15 años, por lo que desde el ayuntamiento de la ciudad tiene previsto organizar un recorrido turístico por los lugares filmados por Sorrentino en “La Grande Bellezza”, según afirmó el alcalde de Roma Ignazio Marino.



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