"Frozen", una gran excepción

“Frozen”, una gran excepción

"Frozen: Una aventura congelada" ha tenido buena recaudación

Desde hace algún tiempo me he vuelto escéptico del cine de animación. Para ser todavía más concreto, del cine de animación en 3D. Al menos durante la última década, su nivel de oferta cayó en tal grado de saturación que me era difícil distinguir a una película de otra.

Muchas querían parecerse entre sí y estaban más interesadas en seguir una formula de éxito comercial (animales antropomorfos o cuentos antiguos plagados de referencias a la cultura pop) que en desarrollar verdaderas propuestas.

El énfasis estaba siempre en la forma y rara vez en el contenido. Sin embargo, hoy no escribo para hablar de normas sino de excepciones. Maravillosas excepciones como “Frozen: Una aventura congelada”.

Inspirada libremente en el cuento “La reina de las nieves” de Hans Christian Andersen, esta emocionante aventura de dos hermanas en una lucha por acabar con un conflicto que ha puesto a un reino entero bajo un invierno permanente es un éxito en su intento por rescatar la magia de los cuentos de hadas tradicionales como sólo Disney demostró saber adaptar desde sus inicios.

Pero demás de retomar dicho formato, incluso se atreve a subvertir algunos de sus elementos más característicos (como la idea de la heroína encontrando a su príncipe azul o el hecho de que sus animales aliados tengan voces humanas) con altas dosis de sutileza ingeniosa.

Salvo por el hecho de que se resiente un poco la carencia de un antagonista fuerte y claramente identificable, cada personaje logra enamorar al espectador desde su primera aparición en pantalla gracias a la personalidad entrañable que le ha sido otorgada por el inteligente guión de Jennifer Lee, co-autora también de “Ralph El Demoledor” (2012).

Los momentos de humor dan justo en el blanco y las canciones compuestas por Robert y Kristen Anderson- López destilan una frescura ausente desde hace mucho en cualquier producción animada en 3D o en 2D.

A pesar de que no están destinadas a ser clásicos, es un deleite atestiguar cómo fortalecen el desarrollo de la trama y se niegan a ser simples momentos aislados para cantar; algo que muchos musicales actuales tristemente parecen haber olvidado.

Y a la par de sus méritos narrativos, también es justo reconocer los técnicos. El diseño de Arrendelle, el reino donde toda la acción tiene lugar, conforma un exquisito collage de referencias a la arquitectura, geografía y mitología de Noruega.

Su deslumbrante atención al detalle da como resultado un universo creíble con todas las de la ley. En el mismo tenor, las secuencias de efectos visuales que involucran el uso dramático de la nieve y el hielo prometen dejar a más de uno con la boca abierta.

Aunque no muchos críticos estarán dispuestos a admitirlo, a veces tendemos inconscientemente a tratar a las películas como si fuesen culpables hasta que se demuestre lo contrario. Nos gusta desafiarlas a que nos agarren en curva y nos obliguen a re-evaluar lo que creemos saber de ellas.

Me alegra mucho informar que “Frozen: Una aventura congelada” tiene todo el derecho a cantar esa victoria.

Derritió de manera brutal mis prejuicios y restauró mi fe en lo que la animación computarizada puede lograr cuando pone su corazón en ello. Cuando hay un alma detrás de la máquina.




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