“Dallas Buyers Club”, dos grandes interpretaciones para un filme de trámite

Foto de archivo de la entrega de los premios Óscar 2014. En la imagen Matthew McConaughey, Cate Blanchett, Lupita Nyong'o y Jared Leto posan con sus galardones tras bambalinas del Teatro Dolby.

Foto de archivo de la entrega de los premios Óscar 2014. En la imagen Matthew McConaughey, Cate Blanchett, Lupita Nyong’o y Jared Leto posan con sus galardones tras bambalinas del Teatro Dolby.

Matthew McConaughey y Jared Leto han ganado el Óscar por sus interpretaciones en “Dallas Buyers Club” y se lo han llevado con todo el merecimiento, pero más allá de eso, la película es totalmente convencional tanto es su planteamiento como en su desarrollo.

McConaughey, cuyo talento parece haber estallado repentinamente tras años dedicado a insustanciales comedias románticas, realiza una gran interpretación y demuestra que está preparado para proyectos complejos, entre los que no se incluye este filme, que ha tenido la suerte de contar con dos estupendos protagonistas.

Las actuaciones de McConaughey y de Leto son de lejos lo mejor de la película dirigida por Jean-Marc Vallée, un canadiense que dirige correctamente sus historias, como “C.R.A.Z.Y.” o “Young Victoria”, pero que hasta ahora no ha destacado con ninguna.

Y tampoco lo hubiera hecho con “Dallas Buyers Club”, una adaptación de una historia real, si no hubiera sido porque acertó de lleno en la elección de los dos protagonistas.

Tanto McConaughey como Leto han resultado ser los actores perfectos para sus papeles, los de un “cowboy”, heterosexual y con tendencias homófobas, enfermo de sida en el primer caso, y el de un homosexual perdido y carente de afecto, además de también enfermo de sida, en el segundo.

La química de la pareja funciona a la perfección, y la rudeza de uno contrasta y complementa la excesiva sensibilidad del otro.

Y esa relación es la que permite mantener el interés de una historia que está contada de forma plana y convencional y en la que Vallée deja de lado el elemento que podía haberle dado un mayor empaque a la historia.

McConaughey es un “cowboy” que descubre que se está muriendo de sida, una enfermedad de la que no se conoce cura. Es 1985, y el hombre trata de descubrir nuevos medicamentos y tratamientos que le ayuden a vencer la enfermedad.

En su búsqueda pone en marcha una especie de club o asociación para cuyos miembros importa ilegalmente medicinas prohibidas en Estados Unidos pero aceptadas en otros países.

Es justo ese elemento, el de la unión de los enfermos en un momento complicado, el que queda casi totalmente fuera de la película y el que se echa en falta en una narración que se centra en exceso en un solo personaje.

El resto de las personas que pasan por el filme lo hacen casi de puntillas y sin que el director profundice en sus problemas o motivaciones, lo que empobrece una historia que al ser real es totalmente previsible y que cuenta con un exceso de melodrama que la hace perder fuerza.—Alicia García de Francisco.




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